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Una lucha ancestral: Lottie Cunningham 

Hora Cero

12 Nov 2020

Hace 500 años que el espíritu del bosque no ha tenido descanso. Y los ríos donde habita Liwa Mairin, deidad miskita representada por una especie de sirena, se han visto contaminados por la fiebre de los invasores. El profundo paisaje verde de la Costa Caribe marca el límite con el Estado de Nicaragua. A partir de esa línea invisible empieza la lucha ancestral de los pueblos indígenas que hasta la fecha de hoy se enfrentan a la colonización. Lottie Cunningham es una mujer miskita defensora de los Derechos Humanos. Creció a la orilla del Río Coco, en una comunidad llamada Bilwaskarma, cerca de la frontera con Honduras. Recientemente ganó el premio Right Livelihood, también conocido como Nobel Alternativo. Desde Hora Cero preparamos este perfil para conocer a fondo las dimensiones de su lucha y su trayectoria. 


La memoria del pueblo miskito se ha traspasado de manera oral durante todos estos siglos. Al día de hoy los pueblos indígenas de la Costa Caribe están en riesgo de desaparecer por la invasión sistemática de colonos. Está sucediendo un etnocidio con la complicidad del Estado de Nicaragua. Ningún gobierno o proyecto de nación los ha tenido en cuenta, por eso su lucha es ancestral. Lottie Cunningham es parte de esa tradición de resistencia. Hoy es presidenta del Centro por la Justicia y Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua (CEJUDHCAN) desde donde se promueven los derechos humanos y colectivos de los pueblos indígenas y afrodescendientes, con énfasis en el derecho a los territorios y su autodeterminación. Y hace varias décadas divide su vida entre la corte internacional y las asambleas comunitarias. Empapada de nostalgia, espera el día en que finalmente pueda volver a vivir a las orillas del Río Coco, donde el espíritu del bosque y Liwa Mairin por fin estén en armonía.

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Comunidades miskitas bajo ataque

Primero pasos en la lucha 

Lottie Cunningham se formó como enfermera en una escuela administrada por la Iglesia Morava dentro de Bilwaskarma. Empezó a trabajar en la década de los ochentas, durante un conflicto armado que dejó más de 50,000 muertes. “Yo no tuve tiempo para ir a una discoteca”, dice al referirse  a su juventud. Desde temprana edad quedó marcada por los rastros de la violencia que veía a diario en las salas del hospital de Bluefields.  

 

—Ver los muertos pasar, sentirse tan impotente, dice Lottie  evocando los rastros de la guerra civil en su memoria. 


Pero eso era solo el comienzo. En 1982 sucedió la Navidad Roja, un operativo militar donde varias comunidades indígenas del Caribe Norte, cercanas a la frontera con Honduras, fueron desplazadas de manera forzosa. De repente aparecieron los militares sandinistas en el territorio ancestral, con la excusa de que estaban evitando una posible infiltración de la contra. La orden era desalojar al instante y destruir todo lo que pudiera servirle después a sus enemigos en el combate.

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Comunidad miskita

—A algunos periodistas les he dicho que son más de 200 comunidades. Me han puesto que 20... ¡No son 20, son más de 200 comunidades indígenas que fuimos desplazadas!

 

Lottie se incluye dentro de ese número porque su familia sufrió en carne propia el desplazamiento.

 

Se estima que al menos unos 64 indígenas murieron esa noche por oponerse al ejército. Algunos lograron escapar cruzando el Río Coco hasta la parte de Honduras. Otros desaparecieron y nunca se supo nada más de ellos. La familia de Lottie perdió su casa, sus animales, y su abuela Elvida Cunningham -quien le enseñó todo sobre la naturaleza- se tuvo que ir a vivir a Puerto Cabezas. Todo estaba muy disperso. Lottie empezó a organizar una brigada móvil que recorría los nuevos asentamientos formados a raíz del desplazamiento, una especie de campo de concentración que irónicamente tuvo por nombre Tasba Pri, que en Miskito significa “tierra prometida”.

Su objetivo era dar la atención básica de salud y establecer las medidas sanitarias. En ese momento comenzó a radicalizarse por la lucha de Derechos Humanos, se la pasaba yendo de un lado a otro; siempre había algo urgente y ponía primero a la comunidad. Un día su abuela le preguntó que cuándo iba a volver y Lottie le respondió que pronto, pero con un nudo en la garganta. Ser una defensora de los Derechos Humanos es un viaje sin retorno. Desde entonces no ha parado de moverse ni un momento, se entregó por  completo a la lucha por los pueblos indígenas de la Costa Caribe

 

La vía legal hacia la justicia 

 

En 1988 renunció a su trabajo de enfermera y partió hacia Managua para estudiar Derecho en la Universidad Centroamericana. Llegar a la capital fue como vivir un exilio. “Aquí estamos en Nicaragua, aquí se habla español”, le decían a manera de reclamo sus propios compañeros de clase. Por las noches Lottie soñaba con sus comunidades, el recuerdo de su infancia a las orillas del Río Coco y las caras de “su gente” inundaban sus pensamientos. 

 

En ese entonces su primer hijo tenía apenas 2 años y por el alto costo del viaje no podía ir seguido a verlo. Eso le dolía mucho, pero sabía que tarde o temprano todo el sacrificio rendiría sus frutos. Con el tiempo Lottie se convertiría en una representante legal de las comunidades indígenas de la Costa Caribe de Nicaragua, y jugaría un rol fundamental en la negociación de la Ley 445 sobre el Régimen de Propiedad Comunal

 

En 1997 la Corte Interamericana de Derechos Humanos sometió al Estado de Nicaragua a una demanda amparada en los artículos 50 y 51 de la Convención Americana, por el caso Awas Tingni. Fue un fallo histórico donde se estableció que el Estado tenía que respetar la autodeterminación de los pueblos indígenas. Lottie Cunningham participó en el juicio como perito legal, propuesta por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. 

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Lottie Cunningham en asamblea comunitaria

Pero negociar con el Estado no es tarea fácil, “su presencia es únicamente por la vía de la represión”, asegura Lottie como quien habla de un viejo enemigo. Desde el año 2015 hasta la fecha se han reportado más de 40 líderes indígenas asesinados por colonos armados. Dentro de las comunidades no pueden ni siquiera salir a pescar o a cazar sin temor de encontrarse con los colonos. 

 

Esto pone en riesgo su seguridad alimentaria y sus costumbres ancestrales, por eso hoy se habla de un etnocidio. El Ejército de Nicaragua en lugar de protegerlos los trata con racismo y violencia. Junto a su equipo, Lottie Cunningham se encarga de difundir a nivel internacional este grito de emergencia. Intenta darle voz a cientos de indígenas que históricamente fueron marginados por el Estado de Nicaragua.  Su lucha ancestral continúa más vigente que nunca. 

 

El ABC de Lottie Cunningham

 

Le propusimos a Lottie una serie de palabras y ella contestó lo primero que se le venía a la mente. 

 

Autonomía 

 

Para nosotros la democracia no se logra sin la autonomía. Sin la autonomía no podemos vivir en paz. 

 

Ancestros

 

Ancestros para nosotros es mantener las enseñanzas y el conocimiento de generación en generación.

 

Estado

 

Para nosotros su presencia es únicamente por la vía de la represión. 

 

Diálogo

 

Esperamos tener un diálogo con el Estado para dictar una solución y que seamos incluidos  en el desarrollo nacional. 

 

Miskito

 

Identidad como pueblo.

 

Lottie Cunningham 

 

Bueno, esta mujer indígena que ha soñado con lograr la sobrevivencia de su gente. 


 

Entrevista por Tito Castillo (Managua, 1996) Editor en Hora Cero. 

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