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Escrito por

Antonio Monte Casablanca Argentino-nicaragüense. Becario del DAAD  y candidato a doctor en historia por la Universidad Libre de Berlín Sus principales temas de investigación son las élites empresariales nicaragüenses, las narrativas y representaciones del turismo en Nicaragua, la dictadura somocista y la articulación
entre música y cultura en la ciudad de Managua.

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“Maldito país” o la “tierra de lagos y volcanes”: ¡Visítenos!

Antonio Monte

15 Dic 2020

 
 
 
 

El líder del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, Augusto C. Sandino, tuvo varios encuentros directos con los marines estadounidenses que ocuparon Nicaragua entre 1912 y 1934, particularmente una vez iniciada su resistencia armada en 1927, luego de los Pactos del Espino Negro, los cuales el guerrillero se negó a firmar. Pronto, el reconocimiento internacional de su causa y su lucha contra la ocupación acaparó la atención internacional. Periodistas intentaron contactarlo en Las Segovias, y en sus campamentos cercanos a la frontera Nicaragua-Honduras. Ramón Belausteguigoitia, Emigdio Maraboto y José Román, en distintos momentos, entrevistaron a Sandino y siguieron sus pasos.[1] La resistencia antiimperialista y la figura mística de Sandino inspiraron a la escritora Gabriela Mistral y su título del “pequeño ejército loco”, a la cual Sandino se refirió como la “benemérita” de su ejército.[2] Estas fueron algunas de varias formas de apoyo por parte de las organizaciones y movimientos antiimperialistas latinoamericanos, entre las cuales destacan la  “propaganda en los medios, y acciones políticas en ambos niveles, nacional e internacional”.[3] Barry Carr argumenta que la resistencia del EDSN fue la “primera campaña antiimperialista moderna y en red en América Latina”, debido a las múltiples y complejas redes transnacionales de solidaridad y apoyo que logró tejer.[4]

 

Pero además de los marines , la ocupación y la resistencia de Sandino, otros estadounidenses y otras instituciones de los Estados Unidos también visitaron, posaron su mirada y describieron a Nicaragua durante los mismos años. A su vez, entraron en contacto con la población nicaragüense en distintos espacios y lugares del país, más allá de Las Segovias y las zonas de guerra. La Unión Panamericana (UP), el Departamento de Estado y la Oficina de Asuntos Latinoamericanos, bajo el mando de Nelson Rockefeller, entre otras instituciones, financiaron proyectos de infraestructura, junto a viajes de periodistas y escritores a través del país para promocionar la inversión estadounidense y, principalmente, la visita de turistas estadounidenses a Nicaragua y Centroamérica. Los contrastes entre estas formas y propósitos de visitar Nicaragua produjeron mundos muy distintos en las narrativas, fotografías y demás representaciones del país, sus paisajes y gentes.

 

Sandino le cuenta a José Román sobre la forma en que los marines se quejaban y gritaban “This goddamn country!” (¡este maldito país!), debido a las picaduras de los mosquitos, las garrapatas, el calor, entre otras dificultades de la selva tropical.[5] Los marines, por su parte, utilizaban estas dificultades para resaltar el valor y la estima de sus labores en Nicaragua, como pruebas de la resistencia y el coraje masculino, en conjunto con la supremacía del hombre blanco civilizado sobre la naturaleza, como se demuestra más adelante.[6]  Entretejida en estas visiones, turistas pagados por la UP, como Hamilton Wright y Lilian Elwyn Elliott, describieron a la Nicaragua en tiempos de ocupación como la “tierra de vistas encantadas” y a Centroamérica como un lugar donde se encontraban “nuevas rutas en tierras ancestrales”, respectivamente.[7] Sumados a estos, la revista estadounidense, National Geographic (NG), publicó dos artículos y produjo una película sobre Nicaragua, tanto durante como después de la ocupación, escritos por el Teniente Coronel Dan Sultan, del cuerpo de ingenieros del ejército de los Estados Unidos y, más tarde, por el cineasta y periodista Luis Marden, quien publicó el artículo y produjo la película Nicaragua, tierra de lagos y volcanes. 

 
 
 
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Ambas Nicaraguas, un “Maldito país” y la “Tierra  de lagos y volcanes” toman elementos del paisaje, la población y los recursos naturales, en conjunto con las realidades políticas, económicas y culturales del país, para delinear los usos, valores y posibilidades de desarrollo civilizatorio del país. Ambas formas de comprender el país contienen sus elementos objetivos, al mismo tiempo que sus propias místicas y sublimaciones discursivas propias a las organizaciones, intenciones y propósitos que cada visitante representaba; como los marines , los movimientos antiimperialistas y los turistas. En este ensayo se les presta especial atención a estas formas de representar del país, ya que son de vital importancia para comprender los usos y posibilidades del turismo en tiempo actuales. Sobre todo, vale la pena estudiar las formas en que el turismo revela y oculta ciertos aspectos de la realidad, luego que una de las principales estrategias del régimen actual de Daniel Ortega y Rosario Murillo es intentar por varios medios establecer la idea que, en Nicaragua, “todo está normal”, después de la crisis sociopolítica desatada a partir del mes de abril, año 2018. El turismo, empresa de desarrollo y atracción de divisas, también puede someter al país y a las poblaciones a un peso muy grande para soportar, ya que puede ocultar violencias o legitimar dominancias y jerarquías, cuyos resultados económicos y sociales no contribuyen al desarrollo social, económico y cultural de una manera justa y equitativa. 

 

Los enfrentamientos con una naturaleza difícil y llena de peligros son las historias relatadas principalmente por los hombres que visitaron Nicaragua. Las historias escritas por mujeres tienden a no prestar atención a estos elementos, marcando una diferencia de género clara en las experiencias de viaje descritas por hombres y mujeres sobre el país. Joe Le Fors, contratado por la Marina para recolectar muestras de “especímenes minerales” en el “río Wank” (Río Coco) resume su viaje por Nicaragua —o “highlights”— como: 

 

Batallas con serpientes enormes y ataque de un cocodrilo, encuentros diarios con jaguares feroces, salvado de la última etapa de la fiebre por los habitantes más extraños de la jungla: estos son algunos de los aspectos más destacados de un viaje que hice por Nicaragua, penetrando regiones que, estaba seguro, ningún hombre blanco había visto antes.[8]

Una y otra vez las peripecias de la naturaleza son mencionadas con lujo de detalles en los relatos escritos por los hombres, donde los guías o, como en el caso de Le Fors, las personas que lo salvan de la fiebre eran “los habitantes más extraños de la jungla”. Un turista como Eugene Cunningham, quien viajó de manera independiente por Centroamérica en los años veinte, hace mención constante sobre como los senderos, colindantes al proyecto de la Carretera Panamericana,  eran “los peores”, donde el “calor era como de un horno” o, más aún, “la temperatura de un tórrido día de agosto en el suroeste de Texas, agregue el silencio opresivo del mediodía en un día de verano en los campos, y el resultado será una imitación justa de nuestro entorno esa tarde bochornosa”.[9] Elliott, la única escritora que también viajó por la incipiente Carretera Panamericana y se adentró en la selva, no recurre a esta épica. A veces su relato menciona “las pequeñas dificultades del viaje”, sin describir cómo conquistó o batalló con la naturaleza del país. 

 

Inclusive cuando las dos personas estaban en el mismo lugar, escribían recuentos distintos del país. Ese fue el caso del de Dan Sultan, y Florence Sultan. El artículo de Dan Sultan publicado en NG afirma que la recaudación de información por parte de su batallón, para indagar sobre las posibilidades de construir un canal a través de Nicaragua, no fue “ninguna excursión de vacaciones”. Su relato resalta el paludismo, la malaria, el hecho de que las tropas “nunca estaban secas”, debido a la lluvia tropical, y anota el peligro constante de insectos y serpientes, entre muchas otras cosas que llaman su atención.[10] 

 

La contranarrativa que problematiza la gran lucha de Sultan y compañía nos la proporciona el mismo informe que envió al Congreso de los Estados Unidos para evaluar la posibilidad de construir el canal en Nicaragua y, primordialmente, otro artículo escrito por su esposa, Florence Sultan. En el informe, Dan Sultan, menciona el apoyo particular de médicos y la maquinaria de resguardo que lo acompañó en la misión junto con su batallón.  En el reporte menciona que la “conexión con el mundo exterior por radio, el conocimiento de que se cuidaría rápidamente a los enfermos, el servicio de suministro semanal y la excelencia de la comida provista por el intendente” mantuvo la “moral alta de las tropas” a pesar del “pésimo entorno” y el “arduo trabajo”.[11] Este tipo de comodidades y beneficios se las menciona Sandino a José Román, como formas de mostrar la guerra desigual que libraba contra los marines.[12]

 

Florence Sultan, por su parte, publicó un pequeño artículo en la revista oficial del Cuerpo de Ingenieros, Military Engineer. El artículo comienza con las palabras de los marines hacia la autora, definiendo a Nicaragua en tres palabras: “Serpientes, aburrimiento y bandidos”. Sin embargo, Florence Sultan cuestiona estos tres términos al final de su artículo y escribe: 

 

De los tres puntos enfatizados por los amigos marines , las serpientes son pocas, afortunadamente, pero las mortales río abajo tienen algunos de sus parientes aquí. El aburrimiento nunca ha habido. Sabemos que hay bandidos, los Infantes de Marina nos cuentan historias de sus peleas desagradables y de disparos con los bandidos emboscados, que se han llevado a muchos jóvenes muy buenos, pero nunca he conocido uno. En nuestros largos viajes por este país vamos armadas, siempre listas para sacar un arma. Más allá de escuchar que, probablemente, muchos de los ciudadanos que pasan y que se apartan para darnos más que nuestra parte del camino, son esos nobles que se dedican a sus negocios legales detrás de algunos bueyes pacientes, nunca nos han molestado ni siquiera en el país principal de los bandidos, las montañas.[13] 

 

Si bien Florence Sultan menciona las dificultades y los desafíos que presenta el trabajo en condiciones tropicales, la mención de estas particularidades siempre las detalla como percances que atravesaban “los hombres”. En este aspecto singulariza que, “el hombre”, toma mucha quinina para combatir los mosquitos y la malaria, o sobre cómo la jungla es agotadora para “cualquier hombre”. El dolor y la adversidad, son depositados en los cuerpos de sus “amigos marines ”. Aun cuando Florence Sultan y su grupo cercano —esposas del resto de los soldados ingenieros— acompañaban las misiones hasta las estaciones en medio de la jungla, donde los oficiales extraían información, la autora afirma que de las seis esposas no se escucharon “ni una palabra de penurias, soledad o los largos, largos días; pero mucho sobre las experiencias humorísticas por una espléndida deportividad. Es solo una aventura”.[14]


Dan y Florence Sultan, a pesar de las diferencias en sus relatos sobre la naturaleza y la gente del país, concuerdan y juzgan algunos elementos comunes. Dos temas que llamaron su atención fueron la situación de las mujeres en el país y las costumbres de la población perteneciente a la ciudad de Granada. Primero, Florence Sultan diferencia la “hacienda” o la “choza” de las “casas” del grupo al que ella denomina "‘El Groupo Aristocratico’, ‘los conservadores’, quienes siempre han tenido Granada”.[15] Las casas de los conservadores de Granada son “las más hermosas, y hay más de ellas que en cualquiera de las otras ciudades nicaragüenses” y las describe con mucho detalle al señalar los patios floreados, los muebles antiguos o los “modernos techos de cedro rojo”, los “pisos pulidos” y los jardines internos que hacen “creer en ‘rosas y romance’” [16]  Segundo, los grandes espacios de los jardines, los patios y las habitaciones influyen la reflexión de Florence Sultan, de manera que explica: en la “antigua casa española”, “no hace muchos años, rara vez se les permitía salir a las hijas de la casa. Ha habido casos en que tales reclusiones se prolongaron durante un período de tres años”.[17] Su pareja, Dan Sultan, también señala en su artículo que las mujeres raras veces salían de la casa y lo señala mediante la fotografía de una procesión religiosa en Granada, en la cual apunta que solo los hombres pueden asistir a tal procesión, mientras las mujeres observan desde las casas.[18] A partir de este punto, Florence Sultan lee entre las líneas y ve entre los espacios de la “hospitalidad generosamente ofrecida” por el grupo aristocrático en las casas de Granada y desteje con su mirada el dominio sobre las mujeres jóvenes.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Hay dos extractos claves que permiten ver esta cuestión en su texto. Una vez que plantea las pocas oportunidades que tenían las mujeres nicaragüenses de la élite para salir de sus casas con amplios espacios, flores y jardines, Florence Sultan parece entender los sucesos de una fiesta que ella organizó en su casa durante su estadía en Granada y cuenta: 

No es de extrañar que la abuela jadee al enterarse que la niña granadina de hoy va al club el domingo por la noche a bailar desde las seis en punto hasta las ocho, bajo estricto acompañamiento. De hecho, por primera vez en la historia social, a un pequeño grupo de estos jóvenes se les permitió venir a mi casa y bailar durante unas horas sin padres, tíos o tías; un honor que al principio no pude apreciar, sin darme cuenta de cuán rígidamente se mantiene la regla. Aun así, los hermanos deben estar presentes.[19]

 

El segundo pasaje en su texto continúa con esta investigación de la autora y su mirada pasa a leer a los “guardianes”. Más allá de las “fiestas con flores hechas en guirnaldas y racimos rígidos”, cuenta la autora, lo que llama la atención era una “hilera ininterrumpida de vastas mecedoras” donde las mujeres mayores se sentaban y se mecían con la “mirada lejana en sus rostros”, con poco interés en “chismes o en el baile”.[20] El interés de la “mirada lejana” está en las “jóvenes señoritas” que se encuentran “bailando y coqueteando”, “bajo una gran variedad de guardianes”.[21] Entonces, la autora resume el fin de la fiesta:  

 

Se sirve mucho vino, luego un hielo, seguido de una cena, luego pronto debemos irnos a casa. Los Papas que se desvanecen por completo después de depositar a su Mammita en su mecedora, aparecen, muy alegres, y la ayudan. Las señoritas, que nunca están lejos, están reunidas, la fiesta ha terminado.[22]

 

La visita a Nicaragua durante unos meses por parte de Florence Sultan la animó a interpretar los grandes espacios de las casas granadinas y los lujosos jardines. Su conclusión principal fue, quizás, que estos espacios y formalidades funcionaban para mantener a las mujeres jóvenes bajo control. La orden para terminar la fiesta viene de los padres que, sin palabras, simplemente depositan y recogen a las mujeres mayores de sus mecedoras que casi no parecen hablar entre sí; su objetivo es controlar a las mujeres más jóvenes. Entre la cortesía y la belleza, la fortuna y el éxito empresarial, Florence Sultan detalla un sistema de dominio. En el artículo de Dan Sultan, a su vez, observa y documenta la forma en que “el hombre es supremo”.[23] El “mozo trabajador”, según el autor, gasta su sueldo “en aguardiente primero y ropa para sí mismo para después, si queda algo, provee a su familia”, aunque es “la mujer la principal encargada de proveer comida para los hijos y su esposo”.[24] También, Dan Sultan se refiere a las diferencias del trabajo que realizan las mujeres y los hombres y cómo muchas mujeres tienen varios hijos no reconocidos por sus padres. Las mujeres, encuentra Dan Sultan, trabajaban de costureras o arreglaban una pequeña “tiendita” cerca de su casa para vender frutas, pasteles y verduras, pero las ganancias, afirma el autor, siempre iban a parar a las manos del hombre.[25] Es claro que las apreciaciones de los Sultan tienden a devaluar a los hombres de las clases altas y trabajadoras del país. A diferencia de los “hombres blancos” que conquistaban la naturaleza y respetaban a las mujeres. Por tanto, los Sultan parecen legitimar la intervención no solo por su apoyo a la ciencia, la civilización y el posible proyecto canalero, la influencia de hombres y mujeres estadounidenses también significa una mejora cultural.[26] A estas miradas generalmente se las ha denominado como “miradas imperiales” por la academia actual, ya que hacen énfasis en la forma en que tales narrativas y representaciones hacen al mundo inteligible para ser medido, dominado y visitado por personas pertenecientes a los países industrializados, como los Estados Unidos.[27]

 

La fiesta de la pareja Sultan, y el artículo del Teniente Dan en particular, fueron duramente criticados por la prensa nicaragüense que llamó a las “damas y caballeros de la sociedad” nicaragüense a recordar que los organizadores de la fiesta eran los marines “que habían repartido culata” y “engañado mujeres en la corrupción del sexo”.[28] El escritor y poeta, José Coronel Urtecho, publicó una crítica directa al artículo de Dan Sultan. En su editorial en El Diario Nicaragüense, Urtecho acusó a Sultan de representar incorrectamente el baile de la Gigantona y otras prácticas culturales, para mostrar una Nicaragua “salvaje” y “exótica”.[29] La crítica se concentraba en una fotografía que Sultan utilizó para acompañar su artículo, en la cual se mostraba a las personas de Granada practicando el baile del Enano Cabezón y la Gigantona. A los ojos de Sultan, y de muchos otros miembros del ejército y Cuerpo de Marines , “los granadinos se ponen un atuendo fantástico para exorcizar espíritus malignos en Nochebuena”.[30] Coronel Urtecho habrá estado singularmente molesto porque el batallón de Sultan pasó cerca de la hacienda San Francisco del Río, ubicada en el Río San Juan, donde él vivió . Los ingenieros “llegaban a la hacienda a cazar venados y una vez aterrizaron en un avión anfibio” recuerda el poeta. [31]

 

No obstante estas críticas, parece que a ninguna le importó mucho corregir las impresiones sobre la lucha que se llevaba a cabo en las montañas o las representaciones de Sandino y su ejército. Más bien, el esfuerzo tanto de la UP como la NG y los escritos de los turistas fueron la supresión u ocultamiento de la resistencia del EDSN y, en caso de ser posible, de la ocupación misma. En el escrito de Le Fors, por ejemplo, evitó cualquier encuentro con los marines , inclusive, con las fuerzas de Sandino. Aunque estuvo en territorio Sumo y logró entrar en contacto tanto con estadounidenses y nicaragüenses en zonas pobladas, la ocupación pasa desapercibida en sus “increíbles aventuras” por Nicaragua. No pasa desapercibida la producción de caucho, los recursos naturales, las anacondas; los cocodrilos, la malaria o  los simios fantasmas. Igual en las guías de la UP publicadas en 1918, 1921, 1927, 1933 y 1935, la ocupación estadounidense en Nicaragua no existió.[32] En esta misma línea, meses después del asesinato de Sandino y la inauguración de la primera presidencia de Anastasio Somoza García, la prensa estadounidense rápidamente omitió los detalles de la llegada al poder de Somoza, sus métodos y su aparente relación con el asesinato de Sandino. Los periódicos mostraron a Somoza como un “constructor”, “intensamente pro Americano”.[33] La idea detrás de esta iniciativa, es que era propicio salir pronto de la guerra civil para incentivar el progreso en el país. Construir y construir, sin importar los delitos, injusticias y traumas que habitaban la población nicaragüense.

 

Para 1944, la recepción de la población nicaragüense a estas miradas del país fue completamente distinta. Así se muestra en la prensa de aquellos años con respecto al artículo y, sobre todo, a la película realizada por Luis Marden, Nicaragua: Tierra de Lagos y Volcanes.[34] La película de Marden, cabe mencionar, fue un éxito rotundo en el país y los periódicos exaltaban la ocasión para muchos nicaragüenses de “ver” por primera vez a su país entero.[35] Tanto en el film como en el artículo vemos múltiples imágenes y apreciaciones fantásticas sobre el país. Aparece el volcán Momotombo —entre muchos otros— y el lago Cocibolca; aparece la ciudad de Managua, a todo color; la cacería de tiburones y peces sierra en el lago; fotos de la Carretera Panamericana y de los trabajos para completarla; fotos de Somoza apretando la mano del embajador estadounidense en muestra de la “amistad” entre ambos países; y fotos de Somoza cortando el pastel durante la celebración de la reina de la academia militar; fotos de las damas granadinas sentadas en sus mecedoras y tocando la guitarra; o fotos de jóvenes granadinas en “vestidos típicos” sonriendo a la cámara mientras paseaban en un carruaje.[36] La película, en especial, inicia con la tomas realizadas a las muchachas sonriendo a la cámara, y mostraba la entrada de Somoza a un pueblo, recibido por una gran multitud; y muestra a soldados, aviadores y miembros del Cuerpo de Marines , sonriendo y haciendo tonterías por el país, así como pescando tiburones, y volando para mostrar desde las alturas los lagos y los volcanes. 

 

El artículo de Marden aparece desprovisto de todos los elementos controversiales y de los detalles un tanto incómodos que habían proporcionado Florence y Dan Sultan. Lo colorido, exótico y bello de Nicaragua aparece a todo calor. Particularmente, aparecen los resultados de la Carretera Panamericana, la labor de los Estados Unidos y los esfuerzos del gobierno de Anastasio Somoza García en aras de desarrollar el país, gracias a sus buenas relaciones. Nicaragua aparece ordenada y bella bajo la dictadura y la influencia de los Estados Unidos. Es la “Tierra  de lagos y volcanes” que, a diez años del fin de la ocupación, ya no parecía ser un “Maldito País”. 


 

El presidente del Banco Central, Leonardo Ovidio Reyes, intentó durante las primeras sesiones del truncado diálogo nacional producto de la crisis del 2018, argumentar la importancia de mantener el crecimiento económico para solventar la crisis política lo antes posible. “Recuperar la confianza de los turistas”, afirmó Reyes, “costaría muchos años”. Su postura subrayaba la costumbre de pensar que el turismo en Nicaragua necesitaba sostener la visión de ser el “país más seguro de Centroamérica” y de ser una “Nicaragua, única y original”, como despliega la campaña del gobierno del FSLN. Daniel Ortega y Rosario Murillo se esforzaron por probar que en Nicaragua “todo estaba normal” y, desde entonces, han intentado reactivar el turismo de distintas maneras, inclusive negando el impacto de la Covid-19 en el país.[37] Todas las formas para legitimar la “normalidad” pasan por desestimar la existencia de presos políticos, bandas paramilitares o de las múltiples formas de represión a la que se ha sometido a la población desde entonces. Lo interesante de esta postura es que muestra cómo  Ortega y Murillo se han apropiado de formas previas para ocultar las partes y sucesos del país que ellos consideran nocivos para el crecimiento económico. En otras palabras, se han apropiado y puesto en práctica las “miradas imperiales” que requieren un país exótico, colorido y ordenado para producir y visitar. De igual manera, el turismo en Nicaragua se construyó sobre las múltiples formas de violencia que sucedieron el país previo a la crisis. Como se ha señalado en muchas otras publicaciones, la Crisis de Abril no fue un evento aislado y excepcional, fue un evento culminante fomentado por años marcados por el incremento de la violencia y la represión contra ciertos sectores de la población, como los campesinos, los estudiantes, la oposición política, trabajadores de las minas, pueblos indígenas y las mujeres.[38


Lo que la historia muestra es que en Nicaragua de alguna manera han cohabitado nociones contrastantes de ver, pensar e interpretar la realidad. Algunos vieron, sintieron y maldijeron un “Maldito País”. Otros, como Sandino, lucharon porque creyeron en esos lugares atestados de dificultades y peligros para marines y, más tarde, para miembros de la Guardia Nacional somocista. José Román, Belausteguigoitia y Maraboto se animaron a visitar las montañas en búsqueda de ese país que batallaba contra la ocupación que le dio fama mundial. En estos momentos, se intenta a toda costa sostener una noción sobre la Nicaragua que, se piensa, atrae a los turistas, sin importar el costo social que esto supone. En este ensayo se ha intentado mostrar que las razones para visitar, escribir y dar cuenta del país son variadas y que Nicaragua ha sido vista a través de un caleidoscopio de miradas que varían según los tiempos, el género de las personas, las instituciones a quienes responden y las posiciones políticas que sustentan. También, se intentó comparar todas estas narrativas para vislumbrar cómo  estas toman ciertos elementos de la realidad objetiva, pero siempre pasan a través de los filtros interpretativos de las personas. La tendencia hasta ahora, con respecto al encuentro de las distintas formas de ver y representar el país, ha sido el dominio forzado o la aniquilación de una sobre la otra. Como Somoza sobre Sandino— asesinado— o como Ortega y Murillo sobre el resto de la sociedad que se opone a su régimen.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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Los textos de Florence y Dan Sultan, Le Fors, Cunningham y Marden no solo comprometen al lector nicaragüense a ver al otro, también es una forma de ver cómo el otro mira al mismo lector. Sus miradas pusieron atención tanto a las dificultades, como a las posibilidades del país y su gente. Aunque puede señalarse que muchos optaron por no ver —o descalificar— a Sandino y el sector de la sociedad al que él respondía, eso no les impidió ver otras formas de violencia y diferentes situaciones sociales que necesitaban ser atendidas en Nicaragua, como el dominio sobre la mujer. 

Al parecer, el texto y la película de Marden han marcado las políticas públicas y de inversión del turismo hasta el día de hoy. Estas se expresan a favor de ocultar las tensiones políticas, sociales y culturales en Nicaragua, para ofrecer un paraíso de lagos y volcanes. Intentan resaltar una Nicaragua “normal”. Sin embargo, los textos citados aquí muestran que hace no tanto tiempo, la Nicaragua compleja y dividida, tanto por clase, raza o género, entraba y salía de los artículos publicados en revistas, periódicos, libros de viaje y en las películas. Son las complejidades inherentes a las variadas y contradictorias nicaraguanidades que habitan juntas en el mismo espacio, tan extrañas a los ojos del otro, que hacen a las nicaraguas tan “extrañas a sí mismas”, como diría Julia Kristeva, “pero consciente de sus descontentos y límites”. Las extrañas nicaraguas cuentan con “gente indomable dispuesta a ayudarse a sí misma en su debilidad, una debilidad cuyo otro nombre [Maldito país o la tierra de lagos y volcanes] es nuestra radical extrañeza”.[39]

 
 
 
 
 
 

Referencias

[1]  El compendio de las entrevistas a Sandino se encuentran en: Augusto C. Sandino: entrevistas-reportajes (Managua: Aldilá, 2010).

[2]  Jaime Quezada, “Gabriela Mistral a través de su obra”, en Gabriela Mistral: Poesía y prosa, ed. Jaime Quezada (Santiago de Chile: Fundacion Biblioteca Ayacuch, 1993), XLIII.

[3]  Richard V. Salisbury, Anti-Imperialism and international competition in Central America: 1920-1929 (Wilmington: SR Scholarly Resources Books, 1989), 92.

[4]  Barry Carr, “Pioneering Transnational Solidarity in the Americas: The Movement in Support of Augusto C. Sandino 1927–1934”, Journal of Iberian and Latin American Research 20, núm. 2 (el 4 de mayo de 2014): 141–52.

[5]  José Román, Maldito país (Managua: Amerrisque, 2007), 189.

[6]  El tema del valor masculino y la conquista de la naturaleza estuvo íntimamente relacionado al esparcimiento del Destino Manifiesto estadounidense hacia el oeste de Norteamérica y hacia Centroamérica. Greenberg ha analizado cómo los ideales marciales de la virilidad asociados con la conquista del oeste en los Estados Unidos influenciaron expediciones filibusteras hacia el sur del continente a mediados del siglo diecinueve; ver: Amy S. Greenberg, Manifest manhood and the Antebellum American empire (Cambridge: Cambridge Univ. Press, 2005). También existen estudios que trazan las continuidades entre las narrativas filibusteras y del Destino Manifiesto con las misiones exploradoras del ejército para levantar datos sobre el territorio estadounidense. Sobre este tema ver: William H. Goetzmann, Army exploration in the American West, 1903-1863 (New Haven: Yale Univ. Press, 1960). 

[7]  Hamilton M. Wright, Nicaragua: Land of Enchanted Vistas, ed. Pan American Union (Washington, D.C.: Government Printing Office, 1918); Lilian Elwyn Elliott, Central America: New Paths in Ancient Lands (London: Methuen & Co. LTD, 1924).

[8]  Joe Le Fors, “My Incredible Adventures IN NICARAGUAN JUNGLES: A Great Serpent Crawled into Our Boat, I Saw a Strange Ape-Being Face to Face and Had Fights with Crocodiles--but, Strangest of All, a Single Remark Led to My Unintentional Marriage to a Native Beauty!”, Los Angeles Times (1923-1995); Los Angeles, Calif., el 12 de marzo de 1933, 7.

[9]  Eugene Cunningham, Gypsying through Central America (New York: EPDutton and Co, 1922), 95.

[10]  Lieut. Col. Corps of Engineers of US Army Dan I. Sultan, “An Army Engineer Explores Nicaragua: Mapping a Route for a New Canal Through the Largest of Central American Republics”, National Geographic, mayo de 1932, 592.

[11]  United States Army Interoceanic Canal Board, Message from the President of the United States Transmitting Report with Appendices and Maps of the Chief of Engineers, United States Army, and the Interoceanic Canal Board, 72nd Cong., 1st sess., 1932, H. Doc. 139, 48. Citado en:  Michael J Brodhead, “‘A Wet, Nasty Job’: Army Engineers and the Nicaragua Canal Survey of 1929–193”, Federal History 1, núm. 5 (2013): 22.

[12]  José Román, Maldito país (Managua: Amerrisque, 2007), 189.

[13]  Florence Sultan, “Snakes, Bandits, Boredom”, The Military Engineer, marzo de 1931, 151.

[14] Sultan, 149.

[15] Sultan, 150.

[16] Ibid. 

[17] Ibid. 

[18]  Dan I. Sultan, “An Army Engineer Explores Nicaragua: Mapping a Route for a New Canal Through the Largest of Central American Republics”, 608.

[19] Ibid. 

[20] Ibid. 

[21] Ibid. 

[22] Ibid. 

[23]  Dan I. Sultan, 625.

[24] Ibid. 

[25]  Dan I. Sultan, 626.

[26]  Existe una amplia literatura sobre la mirada femenina como mirada imperial con respecto a las narrativas de viaje escritas por mujeres. Ver por ejemplo: Jessica Carey-Webb, “Gendered Politics of Empire: The Female Explorateur and Natural Histories of the Amazon Basin 1899–1901”, Gender, Place & Culture 24, núm. 4 (el 3 de abril de 2017): 465–81; Bonnie Frederick y Susan H. McLeod, eds., Women and the Journey: the Female Travel Experience (Pullman, WA: Washington State University Press, 1993); Alison Blunt, Travel, gender, and imperialism: Mary Kingsley and West Africa, Mappings (New York: Guilford Press, 1994); Kristin L. Hoganson, Consumers’ imperium: the global production of American domesticity, 1865 - 1920 (Chapel Hill: Univ. of North Carolina Press, 2007).

[27]  G. M. Joseph, Catherine LeGrand, y Ricardo Donato Salvatore, eds., Close encounters of empire: writing the cultural history of U.S.-Latin American relations, American encounters/global interactions (Durham, N.C: Duke University Press, 1998); Mary Louise Pratt, Imperial eyes: travel writing and transculturation (London ; New York: Routledge, 1992); Ricardo D. Salvatore, “Libraries and the Legibility of Hispanic America: Early Latin American Collections in the United States”, en Hybrid Americas: Contacts, Contrasts, and Confluences in New World Literatures and Cultures, ed. Josef Raab y Martin Butler, Inter-American perspectives = Perspectivas interamericanas (Tempe: LIT ; Bilingual Press/Editorial Bilingüe, 2008), 191–212; Stefan Rinke, “Constructing and Transgressing Borders Images of Self and Other in the History of the Americas”, Iberoamericana IV, núm. 16 (2004): 107–27; Deborah Poole, Vision, raza y modernidad: una economía visual del mundo andino de imágenes, trad. Maruja Martinez (Lima: Sur Casa de Estudios del Socialismo, 2000).

[28]  “Cinismo y frescura reinan en Nicaragua”, Sandino, Revista Anti-imperialista, agosto de 1930, Año 2, No 6. Citado en: Alejandro Bendaña, Buenas al pleito: mujeres en la rebelión de Sandino (Managua: Anamá Ediciones, 2018), 231.

[29]  Michel Gobat, Confronting the American dream: Nicaragua under U.S. imperial rule, American encounters: global interactions (Durham: Duke Univ. Press, 2005), 257.

[30]  Lieut. Col. Corps of Engineers of US Army Dan I. Sultan, “An Army Engineer Explores Nicaragua: Mapping a Route for a New Canal Through the Largest of Central American Republics”, National Geographic, mayo de 1932, 564.

[31]  José Coronel Urtecho, Rápido tránsito (al ritmo de Norteamérica) (Managua: Nueva Nicaragua, 1985), 20.

[32]  Pan American Union, Nicaragua, American Nation Series 14 (Washington, D.C.: Pan American Union, 1927); Pan American Union, Nicaragua, vol. 284, Bulletin 67 (Washington, D.C.: Pan American Union, 1933); Pan American Union, Nicaragua, American Nation Series 14 (Washington, D.C.: Pan American Union, 1935); Pan American Union, Nicaragua: General Descriptive Data (Washington, D.C.: Pan American Union, 1921); Pan American Union, Report on the Activities of the Pan American Union (Washington, D.C.: Pan American Union, 1928).

[33]  Karl Bermann, Under the big stick: Nicaragua and the United States since 1848 (Boston: South End Press, 1986), 226. Los artículos que Bermann cita son: Harpers, 185, septiembre 1942:424; New York Times, julio 19, 1937, 7. Christian Science Monitor Sunday Magazine, febrero 21, 1942, 5. 

[34]  Existe una copia de la película en los Archivos Nacionales de los Estados Unidos. El autor también posee una copia de la misma. Para la copia en los archivos consultar la siguiente referencia o seguir el link provisto aquí: National Archives. Record Group 306: Records of the U.S. Information Agency, 1900 – 2003 Series: Moving Images Relating to U.S. Domestic and International Activities, 1982 – 1999. Numer: NC3-306-77-7. Link: https://catalog.archives.gov/id/49615

[35]  Luis Marden, “A Land of Lakes and Volcanoes”, National Geographic, agosto de 1944; “Pedimos que se corra de nuevo la película ‘Nicaragua, tierra de lagos y volcanes’”, La Noticia, el 14 de octubre de 1944.

[36]  Marden, “A Land of Lakes and Volcanoes”, passim.

[37]  Dora Luz Romero, “5 insólitas cosas que ocurren en Nicaragua mientras los expertos advierten de la ‘grave’ falta de medidas ante la pandemia”, BBC News Mundo, el 4 de mayo de 2020, sec. Noticias, https://www.bbc.com/mundo/52530594; “Nicaragua anuncia plan de reactivación del sector turismo”, Noticias teleSUR, el 25 de junio de 2020, https://www.telesurtv.net/news/nicaragua-anuncia-plan-reactivacion-sector-turismo--20200625-0033.html; Mabel, “Régimen de Ortega confirma su interés de insertarse en las ‘burbujas de viajes’ para reactivar turismo”, La Prensa, el 17 de junio de 2020, https://www.laprensa.com.ni/2020/06/17/economia/2686200-regimen-de-ortega-confirma-su-interes-de-insertarse-en-las-burbujas-de-viajes-para-reactivar-turismo; “Nicaragua intenta reactivar su turismo pese a la crisis”, López-Dóriga Digital, el 7 de septiembre de 2019, https://lopezdoriga.com/internacional/nicaragua-intenta-reactivar-su-turismo-pese-a-la-crisis/.

[38]  Ver sobre todo los ensayos de Carlos Fernando Chamorro, Whitney D'León Núñez et al., Francis Ramírez, Amaru Ruiz Alemán y Mónica López, en: Alberto Cortés Ramos, Umanzor López Baltodano, y Ludwing Moncada Bellorin, eds., Anhelos de un nuevo horizonte. Aportes para una Nicaragua democrática (San José: FLACSO-Costa Rica, 2020). Otro buen recuento de los sucesos previos a la crisis se encuentra en los informes del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, ver: CENIDH Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, Informe sobre derechos humanos y conflictividad en Centroamérica 2016-2017, s/f, https://www.cenidh.org/media/documents/docfile/Informe_Regional_2016-2017__web.indd.pdf.

[39]  Julia Kristeva, Strangers to Ourselves, European Perspectives (New York: Columbia University Press, 1991), 195.

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