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Nydia Elisa Monterrey Guillén (Bluefields, 1993) Psicóloga. Presentadora de Hora Cero desde 2019. Miembro de PCIN Cap. Costa Rica.

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Ser madre por decisión 

Nydia Elisa Monterrey Guillén

13 May 2022

Pasé mucho tiempo pensando cómo empezar a escribir sobre maternidades deseadas porque hay mucho que decir, pero debía aterrizar mis ideas. Cuando por fin tuve ese momento de iluminación neuronal y abro la computadora para empezar a teclear, me llama mi papá y me dice: “Hija, el niño se despertó y está llorando, veni traelo”. En ese momento suspiré y sonreí, pero no de alegría sino de resignación, porque no me queda de otra que darle pausa a mis ideas e ir por mi hijo. Así es la maternidad, te puedo asegurar que el plan A jamás lo vas a ejecutar, tenes que ir por el plan C o D para encontrarle solución al asunto, para adaptarte a tus necesidades y a las necesidades de un niño que cambian constantemente porque está creciendo, descubriendo el mundo,adaptándose, y dependiendo de nosotros para acompañarlo en el camino. 

 

Por eso es que las maternidades deben ser deseadas, porque un trabajo tan retador como el de la crianza de una persona implica la voluntad de querer pasar por ese proceso, compromiso para toda la vida, y responsabilidad para formar una persona saludable física y mentalmente. Hasta que me tocó vivirlo en carne propia empecé a defender y asumir como mi lucha la postura de que la maternidad debe ser por elección. Por eso en las siguientes líneas les voy a contar acerca de mi experiencia como mamá por decisión, lo que he aprendido con la crianza respetuosa en medio de una sociedad nada respetuosa y con mi acercamiento con el feminismo. 

 

Era 26 de octubre de 2019 cuando me tuvieron que internar en un hospital de San José, con infección en los riñones severa, adicional a todos los malestares que tenía en el momento, tenía dos semanas de retraso de mi periodo y teniendo vida sexual activa lo más probable era un embarazo, me realicé dos pruebas de embarazo, una de farmacia de las que se hacen en casa y una de sangre en el laboratorio; y ambas salieron negativas, lo que no me pareció tan raro porque yo planificaba con píldoras anticonceptivas. Aunque estaba en mis planes ser madre  a futuro, como pareja  no lo planeábamos en ese momento. Teníamos un año y medio de estar exiliados en Costa Rica, apenas empezábamos a comprar nuestras cositas, nos tomó un año tener cama por ejemplo. No vivíamos mal, pero tampoco nos sobraba el dinero, estábamos apretados económicamente así es que lo último que pensamos fue tener un hijo. 

 

Sin embargo para mi sorpresa, una mañana en el hospital, un doctor y una doctora entran a la habitación donde me encontraba y el doctor me dice: “Vamos mamá, vamos a ver como esta su bebe”, yo tranquilita le digo: “No, yo no estoy embarazada, yo tengo infección renal”. Me dice: “No mamá, usted sí está embarazada, ¿no me le habían venido a informar que está embarazadita?”, me quede helada y tiesa. En mi cabeza resonaba la palabra embarazadita, embarazadita, y todo me daba vueltas. Me acuestan en la cama, me hacen el ultrasonido y me dicen que no se observa saco fetal en el útero, pero que en la sangre sigue saliendo positivo, así que me explican que podía ser un embarazo viable de poco tiempo o podría desarrollarse en embarazo ectópico, lo cual era probable porque se formó mientras yo estaba con una infección muy fuerte y hasta hasta mis 26 años me explicaron que cuando una se enferma de esa manera las defensas quedan muy bajas y encima de eso al tomar antibióticos para la infección se disminuye considerablemente la efectividad de las píldoras.  Por esto es que seguimos exigiendo educación sexual y reproductiva de calidad, porque esta información no te la dan en ninguna etapa escolar. El caso es que yo sin poder asimilar todo lo que me decían, me aturdia escuchar al médico diciéndome “mamá” a cada minuto con una gran sonrisa y gestos de alegría sin ni siquiera preguntarme cómo me sentía, como obligándome a estar contenta con la noticia. 

 

Pasaron los días, me dieron de alta pero debía regresar en dos semanas para hacerme un ultrasonido y verificar si era embarazo viable o ectópico. Durante ese tiempo tuve el acompañamiento de mi pareja, papas, hermanos, suegros, amigos muy cercanos, compañeros de trabajo y terapeuta. ¡Qué dicha la mía! Tremenda red de apoyo la que tengo e incluso el privilegio del acompañamiento psicológico en este proceso. Lo que no sucede con las niñas del campo que son violadas y obligadas a parir, cosa que no sucede con la mujer que su pastor señala si deja al marido que “Dios le asignó” aunque este la maltrate y la obligue a parir los hijos que Dios quiera. Tampoco es la historia de la ama de casa que ya tiene 4 hijos, que con costo comen dos veces y la inyección que le ponen en el centro de salud le falla. Podría seguir contando historias de esas que escuchamos a volumen bajo, porque la historia que la sociedad acepta es que los hijos solo traen alegría y vienen con el bollo de pan debajo del brazo, de lo contrario te señalan y ubican en el bando de los malos.

 

Pensé muchísimo, platiqué con mi pareja, valoré nuestras fortalezas y debilidades, me cuestioné una y otra vez si quería ser madre y antes de acudir a la cita sabía que si el embarazo era viable lo tendría. Había concluido que quería convertirme en mamá, no por el doctor imprudente, ni por mandato de ningún tipo, sino porque ambos teníamos trabajos estables, porque me encontraba bien de salud física y mental, contaba con una increíble tribu que me estaba acompañando en el proceso y que estarían para mí o para nosotros en cualquier etapa y me hacía mucha ilusión ser mamá y ser mamá por decisión. 

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Recibí la noticia de que era un embarazo viable con muchísima alegría, desde ese momento me sentí la más mimada de mi mundo, pero como no todo es color de rosa aparecieron los extremistas a cuestionar mis ideas progresistas o feministas y catalogarlo de incongruente con mi decisión de ser madre. ¿Dónde queda mi feminismo si al final salgo embarazada y voy a  parir como el sistema lo indica? La reivindicación de mis derechos empiezan con aceptar sin culpa que no estaba feliz al recibir la noticia del embarazo, que me lo cuestioné por mucho tiempo considerando mis opciones y en plantarme a decir es mi cuerpo, siento que puedo y quiero y decido tener un hijo habiendo saltado el paso del matrimonio legal o eclesiástico que muchos hubieran querido y que por supuesto se me criticó. Que seamos madres por decisión es justo lo que no quiere el sistema. Así es que la postura de estos grupos extremistas no tiene cabida. Que defienda la libertad de decisión de una mujer de no tener hijos no significa que yo no lo quiera, significa que se respeten los derechos individuales lo que incluye el mío de ser madre.  

 

A partir de ese día mi vida cambió, ya no era solo yo, debía cuidarme y cuidar al bebe que se formaba en mi vientre. Empezó entonces el proceso de aprender, porque quería ejercer una maternidad informada y una crianza respetuosa. En el centro de salud nos ofrecían un curso prenatal completo donde se nos habló del proceso de gestación, de la comunicación con la pareja, lactancia materna exclusiva, tipos de parto y cuidados del recién nacido. Adicional a esto llevé cursos aparte de lactancia materna exclusiva, estimulación temprana, apego seguro  y preparación para el parto natural o por cesárea.  Me sentía emocionada y quería leer todo en cuanto a la maternidad se refería. Compartía con mucha felicidad todo lo que aprendía con mi familia, mi pareja me acompañaba en los talleres virtuales, porque a los presenciales no podía por factor laboral. Otra cosa por la que sentirme dichosa. 

 

En el curso del centro de salud conocí alrededor de 15 mujeres en diferentes etapas de gestación, entre ellas recuerdo a una que lloró el día que la psicóloga nos hablaba de la importancia de acariciar nuestra pancita y hablarles para que fuesen sintiendo nuestro afecto. La chica logró expresar que sentía culpa y en su casa la recriminaba porque ella no sentía nada, no le nacía tener ni el mínimo afecto con la criatura en su vientre ya de 25 semanas. Otra de las muchachas llegaba con su niño de 18 meses a recibir el curso, se le bajó la presión porque había llegado sin desayunar y su embarazo era riesgoso porque tenía anemia. Nos comentó que con su primer bebe tuvo una hemorragia que la mandó a cuidados intensivos por dos semanas, por lo que no pudo alimentarlo con leche materna, se encontraba muy asustada y expresó: ”Ni modo sí, ahora viene este bebe y toca cuidarlo”. Llegué a la casa llorando pensando en esas mujeres que sin desearlo “les toca”, pensando en esa mujer que lloraba por no sentir nada por su embarazo, pensaba que no era justo ni para ella ni para la criatura y también pensé cuántas de esas mujeres del grupo estaban pasando algo similar. Gestar, parir y criar es el acto de amor más puro si se hace desde la conciencia, pero se convierte en una tortura si se hace desde la obligación, es por eso que las historias no se deben generalizar y la maternidad no se debe romantizar. 

 

Mi embarazo transcurrió muy sano, con todos mis controles prenatales al día, rodeada de mucho amor de nuestros seres cercanos y queridos. Hasta que llegaron los primeros casos de covid positivo al país y todo se complicó. En países con gobiernos responsables empezaron a tomar medidas estrictas para evitar que los casos se propagaran con rapidez. Teníamos planeado un baby shower hermoso, mi mamá y mi suegra llegarian a apoyarnos con el bebé y yo había comprado cosas en Nicaragua pensando que era más favorable económicamente. Todo eso se canceló, eran prohibidas las celebraciones así es que quedamos sin baby shower, cerraron las fronteras así es que la ayuda ya no llegaría y de paso me quede sin poder recibir las cositas que mis amigos y familia me mandaban de Nicaragua.Todo eso me golpeó emocionalmente porque sentía que no era justo estar viviendo esta etapa lejos de nuestras familias y encima de eso estaban muriendo personas conocidas todos los días. 

 

Llegó el día que tanto esperábamos, rompí la fuente a eso de las 4 de la mañana del 30 de junio de 2020. Tuvimos que esperar que fuesen las 6 de la mañana para poder irnos al hospital porque había restricción vehicular debido a la pandemia así que no podíamos pedir un servicio de taxi, teníamos un plan B, pero decidimos esperar. Llegamos al hospital, yo iba expulsando mucho líquido, pero solo tenía 1 cm de dilatación, por lo que me dejaron internada para monitorear al bebe e inducir el parto. Recuerdo que estando en la cama de aquella sala de parto me sentía como en esas novelas de médicos tipo Grey's Anatomy, que resuelven casos médicos curiosos en medio de dramas, romance y conflictos legales por todo lo que estaba viviendo ahí. 

 

De lo que puedo recordar de ese día, está haber visto el reloj y ver 7:15 de la mañana y suspirar con temor y valentía por lo que venía, repitiendo en mi cabeza que yo sería capaz y que me había preparado para esto. En seguida me distraje de mis pensamientos con los gritos de otra mujer que entraba a hacerme compañia, yo la veía respirando de una manera que no era correcta (lo había aprendido en uno de los tantos cursos), la veía llorando y quejumbrosa y pensé ¿por qué le duele a ella más que a mí, será que una de las dos no está normal?, pero lo que se ve en las películas se parece más a como se ve ella, así que algo me pasa… Me empezaba a poner ansiosa, así que siguiendo instrucciones con lo que había aprendido me fui al baño, me lave la cara, caminé en círculo, hice ejercicios de respiración y viéndome a los ojos me dije: tranquila Nydia Elisa, cada parto es diferente y los umbrales de dolor también.  Enfocate en lo que está en tu control y soltá lo que no, lo has hecho muy bien hasta aquí durante 39 semanas y un día, no tiene por qué ser diferente hoy. En ese momento me sentí muy agradecida de tener esas herramientas que me permitían disfrutar de este proceso aun en medio del dolor, definitivamente un privilegio que no todas hemos tenido. 

 

Cuando salí del baño no había ningún médico o responsable en la sala, solo mi compañera que se estaba calmando. Rompí el hielo diciendo “nos dejaron solas”, “andan en la hora del café”, me contestó. En eso se empezó a quejar con más fuerza y se fue al baño, de pronto estaba todo en silencio y ella no salía. Me asusté y me fui al baño, golpee la puerta y me indicó que entrara, estaba sentada en una silla y me pidió que observara si no veía la cabeza, sin pensarlo lo hice y respire aliviada cuando no vi nada. Ya con eso no podía estar en más confianza y le dije que si me permitía le enseñaba unos ejercicios para respirar mejor y unas posturas para mitigar el dolor. Nunca había recibido un gracias tan sincero, viéndome a los ojos como el que me dio esa chica ese día. Ella tuvo a las 9:15 de la mañana de ese día por parto natural. 

 

Al rato llegó una mujer que cuando le dijeron que debía quedarse internada, dijo que ella no podía porque había dejado solos a sus 4 hijos y debía ir a prepararles comida y buscar ayuda para que alguien los cuidara. La enfermera le dijo que eso no era posible, que debía quedarse debido a su condición, ella insistió que le quitaran todo (suero, monitores) que ella se iba. Llegó la doctora a explicarle que debía quedarse, le preguntó por el papá de sus hijos y ella bajaba la cabeza, la doctora ya molesta con tono más fuerte le dice no tienen papá sus hijos, ella contestó: “No responde a mis llamadas”. Una amiga, una tía, alguien que le ayude, llame a alguien… La señora dijo que su vecina los estaba cuidando pero que en dos horas entraba a su trabajo, así que le dejó claro que en dos horas se iría. La señora firmó unos documentos de abandono del hospital y se fue. Luego entre el personal quedaron comentando que lo reportarian al Patronato Nacional de la Infancia (PANI) por negligencia materna. ¿Negligencia materna? O sea hay un hombre que engendró unos niños, que no le contesta a la mujer que está presentando problemas en su embarazo, que decide firmar abandono de hospital asumiendo las consecuencias de ello porque no sabe qué hacer con los otros hijos ¿Y será acusada de negligencia materna? No se quedaron criticando al hombre que no apareció, se quedaron criticando a una mamá que intentaba ser buena mamá. En ese momento no lo pude analizar de esa forma, sino hasta ahora que lo escribo y debo reconocer que siento un poco de culpa porque pude haber intervenido y decirles que estaban acusando a una mujer sin opciones que estaba sacrificando su propia salud y la del bebe en su vientre para atender a sus otros 4 hijos.  Así pase todo el día, observando diferentes casos, tratando de imaginar sus historias, así me distraía del dolor que empezaba a sentir por las contracciones provocadas por la oxitocina . 

 

Ahora en mis presentaciones destaco con firmeza que soy madre por decisión y espero que un día no muy lejano apenas la gente lo escuché comprenda que eso implica mi compromiso y mi sentido de responsabilidad, y que en las empresas dejen de ver a las mamás como una complicación por los permisos que podría pedir para ausentarse a causa de sus hijos, que puedan ver a una mujer con capacidad de hacer múltiples tareas, que con seguridad ha desarrollado mucha paciencia y sobre todo la capacidad de pasar de un plan a otro con los pocos recursos que tenga.