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Reparar para sanar


Solo las víctimas pueden comprender la dimensión del dolor de perder a un ser querido. A un año del asesinato de cientos de nicaragüenses, nuestro país no ha podido conocer la justicia y los familiares no han podido saber la verdad de lo que sucedió con sus hijos, sus hermanos o sus padres. Quienes murieron ya no volverán, y sus familias saben que aún queda mucho por hacer para sanar su propio dolor.


Reparar significa remediar un daño. Pero cuando el daño es la muerte de una persona, pues nada es suficiente para remediar algo así. La reparación es uno de los pasos para comenzar a sanar, es dignificar a las víctimas a través de medidas que alivien su sufrimiento, que compensen las pérdidas sociales, morales y materiales que han sufrido y que restituyan sus derechos ciudadanos. Reparar significa reconocer el daño causado,  e intentar reconstruir lazos en una sociedad rota, pero reparar también es reconocer que lo que sucedió a manos de los perpetradores estuvo mal y no debió haber pasado nunca. 


Para mirar al futuro con esperanzas es necesario intentar reparar los agravios del pasado, es verdad que el daño ya está hecho pero también es verdad que el paso del tiempo puede profundizar una herida y puede causar nuevos estragos en nuestra sociedad. Es por eso que si deseamos un país distinto para las siguientes generaciones, debemos esforzarnos por dignificar a las víctimas de estos crímenes atroces. 

Pretender que nada pasó es condenarnos a nosotros y a las generaciones que vienen, así como las generaciones que nos anteceden nos condenaron a nosotros. Pretender que nada pasó solo nos lleva a la normalización de la violencia, la injusticia y la impunidad, un camino del cual sabemos mucho y al cual debemos decir NUNCA MÁS.


Partimos entonces de la idea de que ninguna reparación es suficiente cuando se han cometido crímenes de lesa humanidad, pero cuando hablamos de reparar desde el Estado de Derecho y la Justicia Transicional hablamos de medidas concretas para resarcir a las víctimas de alguna manera.

En principio El Estado debe:

  1. Reconocer las responsabilidades de los crímenes cometidos por sus operarios

  2. Debe diseñar programas con acciones restaurativas para las víctimas. Algunas acciones pueden ser formas de pago indemnizatorios, peticiones públicas de perdón, reconocimiento público de los agravios cometidos a través de la construcción de una memoria que narre la verdad de los hechos, homenajes y atención médica y psicológica para las víctimas y sus familiares.

  3. En algunos casos, los responsables de los crímenes deben ayudar con acciones concretas a reparar los daños que causaron en las familias. 

  4. Debe garantizar a las personas exiliadas o desplazadas a lo interno del país las condiciones para el retorno seguro. 

 Estas son algunas ideas generales y la reparación no se limita solo a esto, pero en sí la reparación integral  es un reconocimiento colectivo del dolor y de la gravedad de los crímenes cometidos. Porque una sociedad consciente y comprometida con la paz puede ayudar las víctimas a encauzar nuevamente sus proyectos de vida a pesar del dolor de sus pérdidas.


Podemos decir entonces que Reparar es sanar, y para reparar antes se necesita conocer la verdad de quienes fueron los culpables y que haya justicia para las víctimas. 


El derecho a la reparación se debe realizar entonces a través de un programa integral de reparaciones en aras de reconocer a las víctimas como ciudadanos con plenos derechos para devolverles la dignidad a ellos y a sus familiares. Sólo así podremos recuperar la confianza en la instituciones del Estado, y sólo así podremos recuperar la confianza entre ciudadanos, reconstruyendo lazos familiares y comunitarios que nos permitan vivir en paz. Sólo restableciendo la conciencia ética de nuestra sociedad y nuestras instituciones podremos prevenir que esta pesadilla vuelva a repetirse.

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