No hay paz sin justicia


Algo se rompe para siempre en una sociedad que ha sufrido crímenes atroces. ¿A quién podemos acudir cuando los encargados de hacer valer la ley son los mismos que reprimen, encarcelan y asesinan?. Si no existen garantías para hablar, pensar, manifestarse o disentir, es porque simplemente en Nicaragua no existe el Estado de derecho. Todas las instituciones que deberían encargarse de velar por nuestra libertad y seguridad, son las mismas que ahora te persiguen, te matan y te juzgan injustamente. 


Los criminales apuestan por el silencio, piensan que tarde o temprano llegará el olvido y con ello la impunidad. Pero contrario a lo que ellos piensan, las heridas que intentan ignorar se vuelven cada vez más profundas. No hay propaganda política que pueda ocultar a los que murieron, ni slogan capaz de borrar el dolor de las familias.


No importa cuanto tiempo pase, las víctimas siempre tendrán sed de justicia. Porque detrás de cada asesinato hay una historia que se interrumpió, hay vidas, sentimientos, familias, que hoy solo viven en el recuerdo de quienes perdieron a un familiar.   La justicia no va a hacer que quienes fueron asesinados regresen, pero puede aplacar el dolor de una sociedad y puede ser el principio de un verdadero proceso de reparación.


No podemos hablar de voluntad de reconciliación y negociación si no existe voluntad de hacer justicia porque los criminales no pueden juzgarse a sí mismos.


La falta de autonomía y la profunda corrupción del sistema judicial hacen imposible que podamos confiar en los procesos que llevan a cabo. Es ese mismo sistema el que acusa a Brandon y Gleen de la muerte de Ángel Gahona cuando la propia familia del periodista dice que no fueron ellos quienes lo asesinaron.  Es ese mismo sistema el que ha encarcelado a más de 800 nicaragüenses bajo cargos absurdos. Simplemente en Nicaragua el sistema de justicia está destruido, y no es en ese sistema donde pondremos nuestras esperanzas para lograr una reparación verdadera.


World Justice Project desarrolló un indicador para medir la fortaleza del Estado de Derecho de las naciones, en el año 2018 calificó a Nicaragua con 40 puntos sobre 100, es decir, estamos claramente reprobados. Como país ocupamos el puesto 114 de 126 estados analizados. Nuestra institucionalidad se encuentra en agonía y tardará muchos años en recuperarse.


Como ciudadanos, nuestro trabajo también es velar que todas esas instituciones vuelvan a tener autonomía y que en este caso el sistema de justicia investigue y encarcele a los culpables. Que no haya impunidad. 


No es posible actualmente combatir la impunidad y hacer justicia con el sistema que tenemos. Por eso necesitamos la asistencia de un cuerpo internacional experto que investigue los crímenes cometidos. Este cuerpo internacional, debería tener la capacidad de recomendar al Estado las reformas que debe hacer a las instituciones para garantizar que las violaciones a derechos humanos no vuelvan a repetirse. Solo con transformaciones profundas en nuestro sistema podremos confiar en que estos crímenes no volverán a repetirse.


Guatemala hace algunos años permitió la creación de una Comisión Internacional contra la Impunidad, hasta ahora, la comisión ha rendido buenos resultados. Quizás nosotros debemos seguir estos pasos y pensar en un organismos internacional como la CICIG de Naciones Unidas que nos ayude en sanear un sistema que ha colapsado y donde no tenemos nada ni nadie en quien confiar.


Nos encontramos en un proceso de negociación muy complejo, pero como sociedad no debemos perder de vista que el olvido y la amnistía no son opciones para solucionar nuestros conflictos. 


Una herida tan grande como la nuestra no sana en un par de meses, ni siquiera en un par de años, pero la verdadera voluntad de hacer justicia es el principio de la construcción de una sociedad distinta. No a la Amnistía y no a la Impunidad, Crímenes de Lesa Humanidad Nunca Más.

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