La constelación familiar Ortega-Murillo


En la vida cotidiana las personas normalizamos situaciones de desigualdad o exclusión. Difícilmente, pensaríamos que existe un vínculo entre corrupción, racismo y discriminación.  Sin embargo, si nos remitimos al entendimiento de las estructuras del poder y cómo éstas organizan las instituciones y la forma en que nos relacionamos en la sociedad, veremos que las redes familiares son un elemento importante en la arquitectura institucional y en el modelaje de las sociedades. Al respecto, la socióloga y politóloga Marta Elena Casaús en sus obras sobre racismos y linajes nos invitó a cuestionarnos sobre cómo las relaciones o redes familiares que construyeron la arquitectura institucional moldearon las sociedades centroamericanas. 

En sus palabras: 

A nuestro juicio y a modo de hipótesis para el caso de Centroamérica, la importancia que cobran las redes familiares (…) se produce principalmente allí donde existe una presencia de población indígena, en donde el factor socio-racial ocupa un lugar preeminente a la hora de estudiar la configuración de la estructura social colonial y allí donde se ha producido un escaso proceso de modernización de las estructuras políticas y sociales. Especialmente en sociedades eminentemente agroexportadoras, en las que el patrón patriarcal continúa ocupando un lugar relevante en el conjunto de la sociedad. La familia como red o constelación familiar, y sobre todo como estructura de larga duración, sigue ocupando un papel decisivo en el análisis del conjunto de la estructura social y sobre todo como élite de poder. Coincidimos con López Beltrán en que la formación de las élites coloniales en América Latina ocurrió por dos vías complementarias: por el linaje, es decir por la transmisión patrilineal de privilegios concedidos por la Corona, o por alianzas matrimoniales que propiciarán el crecimiento y reproducción de los linajes por la vía de los casamientos de conveniencia. De este modo, el parentesco se constituye en el elemento clave de la formación de la sociedad colonial en casi toda la región latinoamericana. [1]

Dado la afirmación anterior, no es casualidad que la configuración de las estructuras coloniales, hayan influído en la construcción de redes familiares o clivajes políticos que fueron mutando durante el proceso de democratización, hasta el día de hoy. Centroamérica atravesó una situación convulsa y frenética a inicios de los años noventa: procesos de democratización en marcha, el auge de la pacificación y construcción de la paz neoliberal. Toda la región tuvo momentos de cambios, reveses autoritarios y la caída de los sueños de la élite revolucionaria, la frustración de los militares y el auge de la élite económica que pactó con las élites políticas emergentes. 

La paz neoliberal nos tomó por asalto y no necesariamente nos trajo las transformaciones profundas que nos prometieron. En esa época, Daniel Ortega era un político derrotado, Nicaragua pasó a la paz con el gobierno de Violeta Chamorro pero fue insuficiente para estabilizar al país y años después en el 2000 se consagró el Pacto Alemán-Ortega que sentó las bases para estabilizar los intereses de las élites políticas de la cúpula liberal y sandinista, dicho pacto se selló con una serie de reformas a la Constitución y otras leyes. [2 ]

En esta dirección, el pacto Ortega - Alemán, cobró la forma de una estructura al servicio del poder de una élite familiar (Ortega-Murillo). Han pasado ya casi veinte años desde que se selló dicho pacto, el mismo que, hoy día, es un punto de partida para explicar cómo Ortega no solo se convirtió en el líder de un linaje al servicio del poder y las élites económicas, sino también como la reencarnación patrilineal de Anastasio Somoza en pleno siglo XXI. 

Pero posiblemente vendrán preguntas y cuestionamientos al respecto. ¿Qué tiene que ver el racismo y discriminación con la corrupción?, ¿acaso no es suficientemente obvio, hablar de linajes y construcción de relaciones de poder que producen mecanismos de exclusión y marginación social? El Consejo Internacional de Políticas de Derechos Humanos (ICHRP) empezó a entender las conexiones entre derechos humanos y corrupción, y han concluido que la corrupción no solo actúa como incentivo que aumenta la vulnerabilidad, sino que también profundiza las asimetrías y desigualdades socioeconómicas. Por lo que, estas desventajas también traducen en más racismo y discriminación en la sociedades. [3]

Sin embargo, una variedad de ciudadanos y ciudadanas con vocación no democrática, rivalizarían con la idea de que la corrupción es producto del racismo, y que este también reproduce no solo más racismo, si no aumenta y profundiza las desigualdades. Por ejemplo, en Guatemala, la élite nacionalista y conservadora con vocación no democrática, le denomina a dicho fenómeno de negación del racismo como “racismo inverso”. Para el caso de Nicaragua, resulta curioso la forma en que la narrativa política alrededor de Ortega está llena de amor al prójimo y un lenguaje cristiano esperanzador codificado en un discurso de socialismo romántico del siglo XXI, un socialismo espiritual y moderno, al servicio de los demás. Sin embargo, dicha discurso se llena de nacionalismo al invocar el anti imperalismo; es tan parecida la narrativa como el de las élites conservadoras guatemaltecas. 

No obstante, lo que ambas élites—nicaragüense y guatemalteca— pretenden ocultar, es la existencia de una red o clan familiar que está al servicio del poder y que la corrupción es un mecanismo que usan para para la transacción de bienes y servicios, lícitos o ilícitos, y por tanto lo que existe es una “normalización de racismo y desigualdades”, la cual; en última instancia traen como resultado una serie de costos económicos y sociales impuestos por un régimen patrimonial. Por ejemplo, en el caso de Guatemala según Marta Elena Casaús Arzú, señala que no darle las mismas oportunidades educativas, pagar diferentes sueldos y como consecuencia de la discriminación el país deja de crecer un 3.3 por cierto del PIB, por lo tanto ser racistas nos cuesta caro [4]. Si ha estos datos le sumamos, el costo de la corrupción para el caso de Guatemala signfica que el  30% de del presupuesto del Estado es vulnerable a la corrupción, al menos se perderían 550 millones $USD. (ICEFI:2015).[5] Sin embargo, estas cifras deberían ser una pregunta hacia la sociedad nicaragüense para interpelarse los costos económicos y sociales que genera la discriminación y corrupción. 

En Nicaragua, el clan Ortega-Murillo es el centro del poder real, y en Guatemala son los empresarios y políticos que están dentro círculo del Pacto de Corruptos [ 6] Ambas élites tienen como elemento en común la corrupción, y lo que los matiza en el territorio de las narrativas y propaganda política son las “diferencias ideológicas” pero en esencia son populistas tropicales de mal gusto. Las élites, al instrumentalizar la corrupción como mecanismo de redistribución del poder dentro en sus redes familiares, sociales o patrilineales; trae como consecuencia la distribución del costo social, y este lo asume la toda sociedad en su conjunto, y este toma forma de racismo, discriminación y desigualdades.  

Cuando se asume el costo social provocado por la corrupción de las elites  no solo se reproducen las asimetrías de poder que nos alejan unos a los otros de tener igual acceso a oportunidades, sino que, como la corrupción es un mecanismo clientelar, solo se benefician  los que están cercanos a la élite en el ejercicio del poder y los que no se someten a un régimen clientelar, quedan afuera del círculo y por tanto excluidos del acceso a las oportunidades en iguales condiciones. 

En el caso de Guatemala el trabajo de la Comisión Internacional Contra la Impunidad con el apoyo del Ministerio Público lograron hasta enero de 2019, desarrollar 73 casos judiciales de alto impacto que implicón 800 personas, la identificación de 60 estructuras criminales y se lograron 300 condenas en casos asociadas a corrupción. Estos procesos judiciales implicaban a partidos políticos, ex funcionarios públicos, al propio presidente Jimmy Morales, empresarios, narcotraficantes, contrabandistas y redes ligadas al crimen organizado. Esta cifra es brutal, ya que lo que desnudó es que detrás del Estado y sus instituciones, existe un entramado criminal mafioso, que articula sus tentáculos alrededor de redes criminales que estructuraban su poder en función del gobierno de turno para saquear las arcas del Estado. 

Los  “pactos” en Guatemala y Nicaragua posiblemente servirán como hitos para comprender cómo la historia colonial y la construcción socio-racial ha determinado el curso de acción en el presente. Si hiciéramos una estimación costo-beneficio sobre los efectos de la corrupción en la construcción de un sistema de desigualdades y racismo, posiblemente tendríamos un panorama más claro de cuánto ha costado socialmente en oportunidades esa división social de clases y esas pugnas por el poder en nuestra historia.  Marta Elena Casaús, señalaba que las redes y élites de poder están ligadas por cinco factores que confieren unidad y homogeneidad para constituir una estructura de larga duración:

  1. Las alianzas a través del matrimonio. Por ejemplo el matrimonio: Ortega-Murillo.

  2. Las alianzas a través de los negocios. Por ejemplo, la relación del FSLN con el narcotráfico o Carlos Pellas.

  3. La proximidad geográfica y factor socio-racial. Por ejemplo, el abandono de los indígena de la Costa Atlántica y el manejo del nacionalismo versus la xenofobia en el conflicto limítrofe con Costa Rica. 

  4. La participación en asociaciones políticas, religiosas o socio-culturales. Por ejemplo, el papel de las iglesias católicas y evangélicas en la reproducción de discursos y narrativas políticas para enmarcar apoyos a la dictadura.

  5. La formación de sus propios intelectuales orgánicos. Por ejemplo, la movilización social a cambio de intercambio de favores en la burocracia nicaragüense, partidos y grupos de izquierda latinoamericana y también el desarrollo de procesos de cooptación en el Poder Judicial y Asamblea Nacional.

A manera de cierre, podemos imaginarnos cómo esta construcción histórica del poder estuvo llena de falsedades y juicios de valor. Los 90’s no hicieron comprarnos los discursos y narrativas que ejemplificarían que posiblemente avanzaríamos en la senda de la democracia y la construcción de sociedades más justas y equitativas. Sin embargo, al parecer la historia y el ADN colonial que habita en lo más íntimo de nuestras instituciones, códigos culturales y formas sociales de interacción nos remiten a que las cosas hoy día, poco han cambiado. Un debate post dictadura sobre cómo la formas en que el racismo, discriminación y corrupción se manifestaron en el régimen, debería importarnos mucho para construir antídotos para el surgimiento de “constelaciones corruptas familiares” y evitar en un futuro reencarnaciones somocistas u orteguistas. 

Autor: Ronalth Ivan Ochaeta Aguilar. Guatemalteco. Politólogo landivariano y Master en Ciencia Política con mención en Políticas Públicas por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Actualmente es profesor universitario en el área de ciencia política y políticas públicas de la Universidad Rafael Landívar. Colaborador de la organización Red Ciudadana en el área de políticas públicas y datos abiertos. Militante de Partido Movimiento Semilla. 



 Bibliografía: 


[1] Casaús Arzú, Marta Elena. 1992. Guatemala: linaje y racismo. Flacso, San José, Costa Rica.


[2 ] Martí i Puig, Salvador. El regreso del FSLN al poder: ¿Es posible hablar de realineamiento electoral en Nicaragua? Volumen XV, Número 1, I Semestre de 2008. Política y Gobierno.


[3] Consejo Internacional de Políticas de Derechos Humanos, 2009. La Corrupción y los Derechos Humanos. Estableciendo el Vínculo. Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, 2009. Pág. 35.


[4] González, Ana Lucía. Ser racistas nos sale caro: entrevista a Marta Elena Casaús Arzú. 28 de febrero 2011. Prensa Libre Sección economía. Vínculo: https://www.prensalibre.com/guatemala/racistas-cuesta-caro-pais_0_435556442-html/


[5] ICEFI. La corrupción: sus caminos e impacto en la sociedad y una agenda para su eliminación. OXFAM Guatemala. Agosto 2015. Pp. 39. 


[6 ] Pacto de corruptos: se le acuño el nombre a la coalición de partidos políticos, empresarios y medios de comunicación que sirvieron como grupos de presión para construir la agenda para la expulsión de Comisión Internacional Contra la Impunidad para Guatemala, protección de retiro de inmunidad a Jimmy Morales por investigaciones de financiamiento electoral ilícito y para detener las investigaciones hacia empresarios que se vieron involucrados en casos de corrupción.

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