Justicia Transicional: El derecho a la verdad



La verdad no puede quedarse entre unos pocos ni en los círculos más íntimos. No puede contarse entre murmullos porque no le pertenece a unos cuantos, le pertenece a una sociedad entera. Por eso, cuando hablamos de la verdad, hablamos de un derecho. El derecho que las víctimas tienen de ser reconocidas como tal y el derecho que tienen de saber lo que sucedió.


América Latina y el mundo nos han enseñado que después de conflictos violentos o dictaduras, la mejor manera de esclarecer violaciones de derechos humanos es a través de comisiones de la verdad. Estas comisiones le prestan atención especial al testimonio de las víctimas, porque son relatos que registran las dimensiones del horror al que nos enfrentamos. Atender los testimonios de las víctimas que han sido objeto de estigmatización y persecución, es respetarles su derecho a ser escuchadas y creídas.


Las comisiones de la verdad pueden contribuir a los procesos judiciales y a la reparación porque sacan conclusiones y hacen recomendaciones. Pueden también ayudar a que sociedades divididas superen la cultura del silencio y la desconfianza. Y también, pueden identificar las reformas institucionales necesarias para evitar que la historia vuelva a repetirse.


Dichas comisiones son más efectivas si forman parte de un plan integral de justicia transicional que incluya políticas de reparación para las víctimas, acciones penales para quienes cometieron delitos y reformas institucionales. No puede haber paz ni reconciliación verdadera si no se toman medidas a largo plazo que transformen el país.


Existe una vieja frase que dice “quien no conoce la historia está condenado a repetirla”. Nicaragua sabe mucho sobre violencia, guerra, revoluciones y transiciones, pero sabe muy poco sobre verdad y justicia. Para poder comprender la magnitud de la crisis a la que nos enfrentamos, es necesario comprender la magnitud del daño provocado. Desenmascarar a los responsables de los crímenes cometidos es la forma de tomar conciencia del problema que debemos encarar.


Para sanear el sistema hay que conocer la verdad. Esa es una de nuestras principales luchas como ciudadanos que exigimos justicia. Solo una comisión de la verdad podría ayudarnos a recuperar la fe en nuestras instituciones y nos ayudará a reconstruir el tejido de nuestra sociedad y de nuestra memoria histórica. No puede haber reconciliación dentro de los barrios, las comunidades y las familias si no logramos entender qué sucedió. Pero también existe la verdad social, la que se construye a través de acciones, de diálogos, de manifestaciones, de formas de recordar a las víctimas, de actos públicos, de intervenciones artísticas y de diversas formas que, como seres humanos, podemos idear para no dejar en el olvido nuestra historia.


No puede haber paz sin justicia, y no puede haber justicia sin verdad.

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