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Entrevista a Simón Rodríguez: Pueblo trabajador venezolano debe ser el que defina su propio destino



Sobre Venezuela y el chavismo han corrido ríos de tinta y aun así, parece que nadie está muy seguro sobre lo que sucede en este país. Con la intención de acércanos a otras perspectivas fuera de la de los debates de los medios hegemónicos, decidimos entrevistar a Simón Rodríguez, miembro del Partido Socialismo  y Libertad (PSL) de Venezuela y co-autor del libro “¿Por qué fracasó el Chavismo? Un balance desde la oposición de izquierda” Desde el título, el libro podría parecer una especie de quimera, pero en realidad se trata del análisis y el testimonio de resistencia de quienes han visto prostituidos sus luchas y valores. Esta es la transcripción de nuestra conversación sobre el libro: 


¿Cómo ingresás al Partido Socialismo y Libertad (PSL) y cuál es tu vínculo con las organizaciones sindicales?


Comencé mi activismo político cuando hubo el golpe de estado de abril de 2002, en ese momento era estudiante universitario, y me involucré como muchos jóvenes que no estábamos afiliados a ninguna organización política al activismo en contra del golpe, luego hubo un paro  patronal y un sabotaje de la industria petrolera donde también muchos jóvenes nos movilizamos. A partir de ese activismo inicial, nosotros creamos una organización estudiantil autónoma en la Universidad de Los Andes, teníamos ciertas simpatías con el gobierno que parecía estar girando a la izquierda, pero rápidamente hicimos una experiencia política a partir de nuestra vinculación con luchas de los trabajadores, sobre todo una toma obrera de una fábrica de piezas de baño muy importante llamada “Sanitarios Maracay” en el año 2006; fue una fábrica que luego del abandono de los dueños, los 600 trabajadores empezaron a producir de manera auto gestionaría y a exigirle al gobierno que la nacionalizara bajo control obrero, pero la respuesta del gobierno fue aplicar una represión brutal. Esas experiencias nos permitieron independizarnos políticamente del chavismo y asumir una postura de oposición de izquierda. En el transcurso de esa lucha nos vinculamos con la Corriente sindical C-CURA (Corriente Clasista Unitaria, Revolucionaria y Autónoma) encabezado por Orlando Chirinos, él también tenía el proyecto de construir un partido de trabajadores. Decidimos impulsar ese proyecto de construir un partido de trabajadores en Venezuela que se denominaría Partido Socialismo y Libertad a partir del año 2010.


Marcha de la UNT-Aragua, en Caracas, rechazando las empresas mixtas en 2007


El libro que escribiste es un análisis situado desde la militancia de un partido socialista y de reivindicación de las luchas obreras. ¿Cómo surgió la idea de este libro? 

Ciertamente el libro hace un balance de lo que fueron los primeros 20 años de gobiernos chavistas, fue publicado en el año 2018, se cumplían esas dos décadas del chavismo en el poder y considerábamos que era pertinente hacer ese balance porque nosotros decimos que el chavismo como proyecto político está totalmente agotado. La expectativa que generó en millones de venezolano, incluso en Latinoamérica y en el mundo, que Venezuela podía representar un modelo alternativo al capitalismo, ese llamado proyecto de socialismo del siglo XXI, eso se agotó totalmente. Hoy por hoy Venezuela no solo que es utilizado de manera manipuladora por la derecha a nivel internacional para plantear el fracaso del socialismo, sino que los propios aliados del chavismo han optado por no hablar mucho sobre Venezuela, en vista del evidente fracaso económico, social y político. Ya nadie le da ninguna credibilidad a esas pretensiones socialistas y anticapitalistas. Ahora bien, ¿Qué fue lo que fracasó? Frente a quienes dicen que el chavismo fracasó por exceso de estatismo, a esa crítica de tipo liberal nosotros la desmontamos mostrando los hechos, explicamos con abundancia de datos - la mayoría de ellos de fuente oficial - como la política del chavismo consistió  en subsidiar de manera totalmente desaforada a la burguesía nacional mediante un tipo de cambio subsidiado, entregó enormes subsidios a las transnacionales, entregó el petróleo venezolano, en definitiva, un modelo de saqueo capitalista la llevaron a los extremos más absurdos. 

Eso es lo que nosotros vemos desde el punto de vista económico. Desde el punto de vista político, evidentemente que no hay poder popular, no hay estado comunal, no hay ni muchísimo menos dictadura del proletariado como dijo recientemente Maduro, sino que lo que hay es un gobierno de un sector emergente de la burguesía, la llamada “boliburguesia” que está integrada tanto por militares como por civiles tremendamente corruptos, totalmente entreguistas, dispuestos a entregar la soberanía y todas las riquezas nacionales al capital transnacional con tal de mantenerse en el poder.   

Me resulta interesante ver la fuerza que los sindicatos y los obreros de la producción petrolera tienen, y tiene sentido en un país donde en un momento el 96% de sus exportaciones fueron de petróleo, lo digo porque desde Nicaragua es una realidad muy distinta, desde la fuerza de los sindicatos hasta las formas productivas que no tienen esos niveles de tecnificación. ¿Cómo se encuentran ahora esos obreros y esas empresas y la misma producción petrolera?

En este último periodo han tenido un impacto las sanciones petroleras aplicadas por el gobierno de Estados Unidos que nosotros repudiamos totalmente, pero debo decir que desde años anteriores, incluso en plena bonanza, irónicamente venía cayendo la producción petrolera como consecuencia de la desinversión, entonces, los trabajadores petroleros han sido los primeros en denunciar esa política de desinversión, no solo por las consecuencias económicas que eso tiene, sino, también por consecuencias como los desastres ambientales que resultan de los accidentes por falta de mantenimiento y falta de cumplimiento de los protocolos de funcionamiento de la industria. El gobierno lo que ha aprovechado es el cambio de la correlación de fuerzas a lo interno de la industria para instaurar una nueva gerencia. Ha militarizado la industria, ha implantado leyes de seguridad que plantean que en la industria petrolera, y las empresas estatales no se puede desarrollar actividad sindical como las asambleas de trabajadores,  Se ha atacado la libertad sindical, se persigue y despide a los activistas independientes. El secretario general de la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros, José Bodas, quien es dirigente de nuestro partido, ha sido en varias ocasiones detenido simplemente por realizar estas actividades sindicales normales como repartir un volante reivindicativo. 

El gobierno ha empleado toda esa ofensiva represiva para imponer una reducción brutal de los salarios, los trabajadores petroleros que a nivel mundial son prácticamente de la aristocracia obrera, en el caso de Venezuela son los trabajadores peor pagados del mundo, ganan entre 10 y 20 dólares mensuales. Desde el año 2014 impide las elecciones de esa federación para mantener una burocracia sindical que avala esos salarios de miseria, avala las condiciones inseguras de trabajo, y todo el desastre al que ha sido llevada la industria petrolera.


Orlando Chirino habla a los trabajadores frente a la Asamblea Nacional en 2007

El libro está narrado de una forma cronológica donde parece que del 2006 en adelante el chavismo en medio de su desgaste deja ver con mayor fuerza su vena autoritaria, vos hablas de la cooptación y atomización del movimiento obrero. ¿Se puede hablar de una persecución sistemática a líderes sindicales desde entonces? Mencionás muchos casos de asesinatos que no han sido esclarecidos.

Se puede decir que el gobierno chavista en sus primeros años por su debilidad tuvo que apoyarse en los procesos genuinos de auto organización y movilización popular que existían, tuvo que tolerar que se crearan nuevos sindicatos, que surgiera incluso una central como la Unión Nacional de Trabajadores, que surgieran radios comunitaria, toda una serie de expresiones de esa auto organización  de los trabajadores y sectores populares porque estaba en una posición netamente defensiva ante el golpismo - estamos hablando de los primeros años entre 1998 y el año 2004 - pero una vez que el gobierno pasó de esa situación defensiva a una ofensiva estratégica, pudo quedar mucho más evidente aquello que antes eran elementos que asomaban en una forma embrionaria: la vocación anti sindical y anti obrera  del gobierno. 

En el año 2007, es el primer año que se registra un altísimo número de casos de criminalización de la protesta, es decir, judicialización de las luchas sociales con centenares de juicios abiertos a trabajadores, campesinos y estudiantes. Eso va a tener incluso expresiones muy brutales como el encarcelamiento del dirigente indígena Sabino Romero en el año 2009, que posteriormente fue asesinado en el 2013; el encarcelamiento del dirigente sindical Rubén Gonzales en el 2009 y el año pasado, y desde el año 2011, también el encarcelamiento arbitrario de un obrero de Ferrominera del Orinoco que se llama Rodney Alvarez, que ya va a cumplir 9 años secuestrado por el régimen, sin siquiera tener derecho a juicio, no ha sido condenado porque no tienen ninguna prueba, si la tuvieran, ya lo hubieran condenado hace muchos años. Se convocan a audiencias y se suspenden una y otra vez, se cambian los jueces, los fiscales, todas maniobras dilatorias para mantener preso a un obrero inocente, simplemente por su condición de trabajador luchador y defensor de los derechos obreros.

Se sabe que en el caso del Movimiento Campesino han sido más de 200 campesinos que han sido asesinados por latifundistas en tanto ligados a la oposición de derecha como al gobierno, en el caso de nuestra corriente tenemos 8 compañeros que han sido asesinados, obviamente que muchos otros sectores han sido castigados por el sicariato y por la violencia.

Este tema tan polémico de las expropiaciones, comentás que nunca fueron hechas para que estas empresas fueran llevadas por los trabajadores sino que crearon una nueva burguesía y en ese festín participó el ejército. ¿Cambió mucho ese ejército en relación al ejército del golpe del 2002 o siempre fue una estrategia común de la clase política hacer negocios con ellos?

Es muy importante tu pregunta porque quizás desde fuera de Venezuela pudiera parecer que los militares venezolanos que hablan de socialismo y de revolución, son unos militares muy extraños que no se parecen a los demás militares corruptos y asesinos del resto de Latinoamérica, pero en realidad el actual ministro de la defensa Vladimir Padrino López es un militar que se formó en la Escuela de las Américas, las famosa escuela en Fort Benning (Virginia)  que ha sido escuela de torturadores y de esbirros latinoamericanos desde hace muchas décadas.

Lo que cambió luego del golpe del 2002, fue que hubo una serie de purgas o depuraciones que fueron colocando en los lugares de mando a militares fieles a Chávez y a su proyecto político, pero no sobre la base de un compromiso con ningún ideal de izquierda, sino de negocios. El control de las fronteras implica el contrabando de gasolina que ese es un negocio multimillonario porque que en Venezuela la gasolina es gratis, el costo es ínfimo y en Colombia, en Guyana y en el Caribe se vende a precios internacionales, es decir que, hay un abundante contrabando controlado por el gobierno y particularmente por los militares. Todos los negocios de sobrefacturación de importaciones que hubo por medio de los cuales empresarios privados y también burócratas del sector estatal declaraban importaciones ficticias o muy por encima de su valor real para quedarse con los dólares asignados por el gobierno, dólares ultra subsidiados. Indudablemente quienes controlan los puertos por donde entran esas importaciones son los militares que también sacan una tajada de ese negocio. Ese clientelismo ha garantizado la fidelidad de esos militares, que tienen la misma ideología reaccionaria que siempre tuvieron solo que ahora en lugar de hablar de nacionalismo, hablan de socialismo o de cristianismo o de lo que sea que el discurso oficial le indique, pero el contenido real es un ejército burgués, represivo, anti obrero profundamente, y que goza de esos privilegios en su función de defensa del capitalismo en Venezuela. 

En el 2017 después de tanto hartazgo, surgen protestas masivas que la Mesa de Unidad Democrática (MUD) canaliza como grupo opositor, como sucedió en Nicaragua con el dialogo entre Ortega y la Alianza Cívica, todo eso con la venía del Vaticano, la Unión Europea y Estado Unidos al igual que en Venezuela. El dialogo en Nicaragua se dio en el momento más álgido de las protestas, muchos reclaman que los empresarios que integraban la Alianza no llamaron un paro nacional y que eso podría haber modificado la balanza. Vos decís que el dialogo solo le hizo ganar tiempo a Maduro. ¿En qué crees que falló la MUD? ¿Qué debió haber hecho? 

Venezuela desde el año 2013 viene en esa espiral de destrucción económica y social, entonces en ese momento de gran descomposición ha habido un descontento popular enorme, y ese descontento tuvo una expresión en el año 2014 con unas grandes protestas que fueron reprimidas por el gobierno. En el 2015, el gobierno recibe una durísima derrota electoral, el chavismo queda en minoría en el parlamento, la oposición de centro derecha saca dos tercios de la Asamblea Nacional. En el año 2016, dentro de lo que establece la constitución que se podía realizar un Referéndum revocatorio pero la oposición  a lo que se dedicó fue a un dialogo con el gobierno. Ya había antecedentes muy graves de como muchos de los dirigentes de esa oposición tenían vínculos con negocios del chavismo, entonces usaron esa técnica del dialogo para ir dilatando cualquier posibilidad de que se presionara por la realización del Referéndum revocatorio. Así es como se llega al año 2017, cuando el gobierno anuló el parlamento quitándole todas sus competencias gradualmente. En marzo del 2017 ese proceso da un salto porque Maduro saca un decreto para asumir directamente la competencia de legislar, algo que se pasa por alto es que él también lo hizo para poder asignar concesiones a transnacionales sin pasar por el parlamento. 

Todo eso llevó a que la MUD, que había evadido durante todo el 2016 la posibilidad de realizar manifestaciones, se viera obligados a convocarlas y estas manifestaciones se les fueron de las manos muy rápidamente porque el descontento popular era muy grande. Lo que la MUD pretendía era hacer unas movilizaciones acotadas para negociar con el gobierno la manera de volver a una cierta normalidad institucional, pero la gente asumió esa protesta como una gran oportunidad para enfrentar al gobierno, y se impuso la consigna en las calles de “Fuera Maduro”. Eso siempre ha sido un tema de mucha falsificación de parte del gobierno, ellos dicen que las protestas populares del 2017 fueron un intento de golpe y que la oposición de derecha quería sacar a Maduro, cuando esa oposición no quería sacarlo realmente, fue la masa populares las que levantaron la consigna de “Fuera Maduro”, siempre tras bastidores hubo negociaciones, la MUD procuraba negociar a toda costa. Finalmente el gobierno luego de 100 días de protestas, en las cuales asesinó a más de 150 manifestantes, convoca a la elección de una Asamblea Nacional Constituyente fraudulenta. Esa Asamblea Nacional Constituyente convocó a elecciones de gobernadores, elecciones regionales y la MUD aceptó ir a esas elecciones fraudulentas. La MUD logró frenar las protestas que era lo que más le preocupaba, pero al costo de hundirse en un gran desprestigio y hasta el día de hoy, los políticos tradicionales de la oposición tienen un repudio casi tan grande como el repudio que tiene Maduro. ¿Por qué tuvieron ese comportamiento tan vergonzoso? Hay que entender, además de la corrupción que hemos señalado, esos políticos tradicionales están totalmente subordinados al gobierno de Estados Unidos y durante años su política no era procurar una salida por cualquier vía, incluyendo una rebelión popular, sino procurar una salida ordenada, negociada, entonces le tienen un miedo terrible a una rebelión popular. 

El año pasado hubo más de 16 mil manifestaciones, ha sido el año con mayor cantidad de protestas en estas dos décadas, pero la limitación que tienen es que son manifestaciones dispersas que no solidifican en un solo movimiento nacional, sino que son luchas aisladas por reivindicaciones parciales. El rol de la oposición, lamentablemente, ha sido el de impedir que se unifique un gran movimiento de lucha popular con sus propias reivindicaciones. 


Pintada del PSL, en Caracas, en medio de la rebelión popular de 2017

Esta es la pregunta de cajón y se es la más difícil de responder pero ¿cuáles son tus lecturas del futuro? Del futuro para los sindicatos, los trabajadores, la izquierda crítica en Venezuela y el propio rumbo del país.

Hay un intento del gobierno de presentar sus medidas de corte liberal reciente como una especie de normalización, como que si se fuera a estabilizar la situación económica, y que eso permita su permanencia en el poder de manera indefinida, yo eso lo veo realmente imposible. Este año la situación económica y social va a seguir empeorando de manera dramática, y eso va a seguir empujando al pueblo venezolano a seguir manifestándose.

Las falsas expectativas que se crearon en torno al liderazgo de Guiadó se han ido superando, su popularidad va a seguir cayendo. Como ha quedado demostrado, los viejos aparatos partidistas no han dado la talla, han sido un desastre, han tenido una convivencia corrupta con el régimen, los escándalos de corrupción que han minado a Guaidó en el último año son casi permanentes, entonces de alguna manera todo eso abona a una maduración política. 

Eso abre la posibilidad de que la lucha autónoma avance, y sobre todo se instale la noción de que el pueblo trabajador venezolano tiene su destino en sus propias manos, que solo el pueblo salva al pueblo y no se puede esperar absolutamente nada positivo del gobierno de Estados Unidos, ni de esa oposición. En la medida en que esas dinámicas sigan desarrollándose, en las luchas deben surgir nuevos dirigentes, nuevas organizaciones sociales, comunitarias, obreras. Con la movilización se puede derrotar al régimen e imponer las reivindicaciones más sentidas del pueblo.

Sé suele comparar mucho la situación de Nicaragua y Venezuela y su contexto de represión, sé que estuviste en Nicaragua en el 2018 si no me equivoco, brevemente me podrías contar algunas de tus impresiones sobre lo que viste.

Tanto Venezuela como Nicaragua son casos en los cuales el agotamiento de gobiernos autodenominados progresistas o de la marea rosada no se tradujo en cambios de gobierno por la vía electoral, como ocurrió en Argentina, Brasil o Uruguay o El Salvador, sino que el gobierno se sostiene por la vía de la represión, hay un cambio de régimen con la adopción de rasgos dictatoriales. Me impresionó mucho el nivel de la vigilancia y del estado policía nicaragüense, que me parece que en ese sentido es más sistemático que el que tenemos en Venezuela; si bien en Venezuela es un aparato de represión muy violento, como te decía, matan a miles y miles de jóvenes todos los años, realmente no es tan sistemático en términos de la vigilancia y sus dispositivos de inteligencia como si pareciera serlo en Nicaragua. 

Hay similitudes en el uso de los grupos de choque paramilitares. La extorsión laboral a los empleados públicos para que se movilicen en apoyo al gobierno. Hay similitudes en el discurso, lo del supuesto socialismo cristiano, también es algo que a nosotros nos resulta muy familiar; recientemente hemos visto cómo Maduro ha establecido una alianza con iglesias evangélicas para crear una Universidad Evangélica con financiamiento estatal. Ambos son gobiernos al servicio del capital pero con un doble discurso. También es similar su orientación reaccionaria en temas como los derechos de las mujeres, con la prohibición total del aborto, la terrible depredación ambiental o la persecución a los pueblos indígenas.

Creo que entre la juventud nicaragüense hay una cantera muy importante de jóvenes críticos, que tienen claridad en cuanto a que el gobierno nicaragüense no es revolucionario ni nada parecido. Las luchas ambientales y campesinas de alguna manera prepararon a la rebelión del 2018, una rebelión muy justa que se adelantó a la ola de rebeliones que en 2019 sacudió a Latinoamérica,  se inicia con el rechazo al ajuste a las jubilaciones promovido por el FMI, y luego levanta consignas como la de “Ortega y Somoza son la misma cosa”. Los revolucionarios venezolanos nos identificamos con la lucha del pueblo nicaragüense, especialmente su juventud, y estamos seguros de que triunfará. Simón Rodríguez Porras es miembro del Partido Socialismo y Libertad (PSL) de Venezuela y la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional. Escribe en Correspondencia Internacional, en la página Laclase.info y otros medios electrónicos alternativos.

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