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El Dictador y los Muchachos. Reflexiones sobre el documental “La Ofensiva final” a la luz de la Rebe


Arribé a Managua una tarde de invierno —eso que los nicas llaman invierno, que es calor de 30° con lluvias— y allá pasé dos meses debido a una estancia de investigación. Ya sabía que no quedaba nada de revolucionario o socialista en el orteguismo, pero aun así llegué a Nicaragua con una idea muy distinta a cuando me fui. Debido a los consejos de evitar asistir al festejo del 38/19, pasé ese día tratando de no ahogarme en La Peñitas y tomando ron en un bar del centro de León. Si era tan malo ir al festejo del 38/19 debía indagar porqué. 


Los videos no oficialistas me confirmaron el montón de gente que atascó la Juan Pablo II, los incontables puestos de guaro, fritanga y banderas que hacen de valla a las tablas rítmicas que los chavalos hacen para distraerse mientras “el comandante”, “la compañera” y su séquito exprimen a cuentagotas los fatigados clichés de cada obligada presentación. En medio de eso me llamó la atención un video titulado “Gobierno de Nicaragua condecora a históricos periodistas mexicanos”[1] en el que dos señores son galardonados por Daniel y la Chayo. En el clip se mira la improvisada entrega de la Orden Rubén Darío a los septuagenarios y los gritos exaltados de uno de ellos — ¡Aquí Nicaragua libre! ¡Viva Daniel Ortega! — Que cerraron con un patético — ¡Nuestro líder! 


Una ocasión al platicar con mi tutor del Departamento de Historia de la UNAN-Managua le dije los resultados de mi búsqueda acerca del festejo del 38/19, pues los mexicanos condecorados fueron los realizadores del documental “La Ofensiva final”, que según dijo mi tutor es importante para los nicaragüenses, tal es el afecto que se puede conseguir en el Oriental o el Huembes por 20 córdobas, claro, todos me advirtieron sobre ir acompañado al Oriental.


Unos meses después ya en México, realicé una investigación sobre dicho documental como trabajo final para una materia, misma que después se convirtió en el capítulo de un libro sobre el audiovisual contemporáneo[2]. Todo empezó porque me sorprendió saber que un filme tan adulador de los combatientes sandinistas haya sido elaborado por encargo de un canal televisivo estatal durante el apogeo de la Dictadura perfecta del priísmo, como le decimos a la militancia del Partido Revolucionario Institucional (PRI) pero también a la cultura política de cacicazgo, corrupción y autoritarismo que impregna las relaciones sociales en mi país, cuyo mantra en el imaginario popular es que el PRI “roba y deja robar”; suena igual al Frente ¿no?


Descubrí en mi investigación que el documental de 96 minutos fue hecho en 1979 en las instalaciones del Canal 13, medio estatal mexicano que en aquel tiempo rivalizó con Televisa, donde curiosamente Tacho Somoza llegó a tener acciones. El filme fue hecho con la edición de las grabaciones obtenidas en Nicaragua, Costa Rica y México en los tres meses que duró la cobertura de la Ofensiva final del FSLN de mayo a julio de 1979, por parte del equipo encabezado por Édgar Hernández y Pedro Talavera, reporteros que décadas posteriores fueron galardonados por Daniel en el 38/19. 


La investigación que desarrollé implicó un análisis fílmico e ideológico. La parte del examen fílmico fue un decoupage a la primera secuencia de la película donde se presenta el hilo argumentativo, basado en la dicotomía Dictadura-Liberación, bandos encarnados en el Dictador los Muchachos. Mientras que la clasificación de Bill Nichols[3] me proveyó una base teórica para clasificar el documental en la modalidad expositiva, que es la común para las obras cinematográficas propagandísticas.


Las siguientes características encontradas en “La Ofensiva final” fueron que las voces omniscientes en off de Édgar Hernández y Pedro Talavera —que al ser reporteros televisivos son fuentes de autoridad institucional—envían el texto directamente al público con una narración poética plagada de figuras literarias de repetición y metáfora, en un montaje subordinado a la continuidad retórica que da la impresión de objetividad y buen juicio por la serie de datos, fechas y cifras que son mostrados en el avance progresivo del flujo cronológico lineal y de causalidad directa en la siguiente argumentación: Causa: Dictadura > Efecto: Lucha de Liberación. 


 Así mismo encontré otros elementos relevantes con el estudio de la obra relativos a su contexto histórico pues en su realización subyace una trama diplomática, relacionada a la política exterior mexicana en la Guerra fría; también que la película fue instrumentada por el gobierno mexicano para difundir su ideología “revolucionaria”, “popular” y “democrática”; mientras que todo sucedió durante el periodo llamado Guerra sucia[4] que fue un conflicto interno en el cual varias guerrillas socialistas se alzaron contra el gobierno de México. 


Resultó también que la dicotomía el Dictador-los Muchachos mostrada en el documental, hace eco de los bandos con que la historia nacional en México se ha llenado de héroes y villanos, y que el priísmo en los setenta del siglo pasado todavía pregonaba, pues se asumía como el partido que institucionalizó la gesta revolucionaria y popular contra el dictador Porfirio Díaz. En tanto que México jugó hipócritamente al hermano mayor de países y movimientos progresistas y socialistas tanto latinoamericanos como caribeños, frente al papá abusador yanqui que promovió y sostuvo por décadas numerosas dictaduras militares como la de Somoza. 


Un ejemplo de ese juego hipócrita de la política exterior mexicana —que por cierto retomó el gobierno actual—, fue demostrada por el priísmo en darle permiso al FSLN y el FMLN para hacer de este territorio su retaguardia estratégica, con lo que pudieron extender su red logística como quisieron. Otro ejemplo fue que en mayo del 79 el gobierno mexicano encabezado por José López Portillo rompió relaciones diplomáticas con Somoza y apoyó abiertamente al FSLN. Para más detalles al respecto es imprescindible leer los relatos de Sergio Ramírez en “Adiós muchachos”. Pero López Portillo “no dio paso sin huarache”, como solemos decir, pues al mantener buena relación diplomática con Cuba y varios movimientos centroamericanos de izquierda se anticipó a impedir que las guerrillas socialistas mexicanas pudieran construir relaciones exteriores que les permitieran reforzarse. 


Por su parte la obra exalta a los Muchachos, combatientes sandinistas y al pueblo nicaragüense en la lucha por su liberación de el Dictador. Aunque “La Ofensiva final” censuró las palabras como “guerrilla”, “socialismo” o “Carlos Fonseca”; y nunca mencionó el antiimperialismo de Sandino o cualquier cosa que hiciera referencia al contenido político de izquierda del FSLN. De modo que en “La Ofensiva final” los realizadores solo emplearon nociones abstractas de libertad, democracia y pueblo, conocidas por ser los lugares comunes de los politólogos liberales. 


El análisis al documental me llevó a concluir que aunque este se vista de poeta, de propaganda se queda. A través del filme los realizadores enviaron el mensaje que puede sintetizarse en el siguiente enunciado: Apoyados por nosotros, los Muchachos liberaron a Nicaragua de el Dictador, por lo tanto no somos dictadores. Pero al solo difundir nociones abstractas y dicotómicas acordes a su versión de la historia nacional, se escondió la brutalidad con la que los gobiernos priístas reprimieron a los Muchachos mexicanos de las guerrillas socialistas y de otros movimientos sociales, que me hubiera gustado expresar como un capítulo cerrado en la historia de México.


Sin embargo al reflexionar desde este periodo posterior a la Rebelión de abril y con el nuevo gobierno en México, puedo afirmar que el juego hipócrita regresó, dado que el gobierno morenista de Andrés Manuel López Obrador —ex priísta, liberal y demagogo—, sigue la tradición de “candil de la calle, oscuridad de la casa”, pues envió un avión por el destronado Evo Morales así como en su momento lo hizo para trasladar a los miembros de la Junta Revolucionaria de Reconstrucción Nacional. Pero por otro lado mandó a la Guardia Nacional a detener violentamente a los migrantes mayoritariamente centroamericanos que llegaron a la frontera sur, sumado al silencio cómplice que guarda frente a la grave situación de Derechos Humanos en Nicaragua, misma que se profundizó con la sanguinaria represión en 2018, que de hecho continúa.  


El presidente López Obrador, bautizado por la prole como “el Peje” siempre tiene otros datos sobre la pobreza, los feminicidios, la violencia del narcotráfico, la censura a los periodistas, los asesinatos de activistas y la política migratoria, pero en una de sus conferencias mañaneras diarias ya anunció el circo de la rifa del avión presidencial. A este paso los creadores de memes se quedarán sin ideas mientras que la economía se desploma, los megaproyectos siguen devastando el medio ambiente, continúa la militarización y los ricos se vuelven más ricos todavía. Apuesto cien pesos a que al finalizar este sexenio Slim sube en el ranking de los hombres más ricos del planeta.


Después de todo López Obrador es un priísta por más que haya querido limpiar su pasado. Igual que Daniel Ortega, quien aprendió de todos los gobiernos del PRI que le apoyaron junto a toda la camarilla de comandantes traidores, como Tomás Borge autor de una biografía de Salinas de Gortari, que se debate el primer lugar en el top cinco de los presidentes más odiados de toda la historia de mi país. Al final a mí solo me queda preguntarles amargamente a Édgar Hernández y Pedro Talavera si esa ocasión que regresaron a Nicaragua se cuestionaron ¿quién es ahora el Dictador y quiénes son ahora los Muchachos


Túpac Gutierrez Ortega. Mexicano, historiador y maestro en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara.



[1] Nota de un medio oficialista nicaragüense: Viva Nicaragua. Canal 13, del año 2017, el video puede consultarse en la siguiente liga: https://www.youtube.com/watch?v=EPLbLvSIWG0


[2] El libro al que hago referencia y donde se puede consultar la investigación completa se titula: El poder de las imágenes. Reflexiones teórico-metodológicas sobre el audiovisual contemporáneo, coordinado por Fabiola Alcalá y Miguel Sánchez, editado en 2018 por la Universidad de Guadalajara. Puede consultarse en la siguiente liga: https://redic.red/wp-content/uploads/2019/03/El-poder-de-las-im%C3%A1genes.pdf


[3] Hago referencia al libro de Bill Nichols de título: La representación de la realidad. Cuestiones y conceptos sobre el documental, editado en 1997 por Paidós. 


[4] Para conocer más sobre la Guerra sucia recomiendo ver la entrevista a Laura Castellanos, autora del libro México armado: 1943-1981, editado en 2008 por ERA: https://www.youtube.com/watch?v=SKqzQndbm80

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