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Escrito por

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Cristina Arévalo Contreras 

Activista feminista

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La memoria contra los prolongados silencios

Cristina Arévalo Contreras

6 Abr 2022

Soñé que estaba en un taller escribiendo un cuento y lo tenía que leer a mis colegas del taller, una de ellas era la  L., quien insistía en que leyera mi escrito. Les decía que no estaba terminado pero como ella andaba de necia,  se lo iba a leer... Solo recuerdo un fragmento que iba más o menos así: "... y cuando nos volvamos a encontrar en  el país que ya no es lo que fue, ni nosotras somos las que fuimos, cómo nos vamos a volver a mirar... Cómo serás  capaz de vernos a los ojos a las que fuimos tus amigas, a las que nos alejamos de tí porque te sentaste con el  asesino...". Este fragmento era dirigido a ella.

Seguramente, si platicamos con nicaragüenses que tuvieron que irse de su país, como yo, hay  infinidad de sueños con los que podríamos hacer cuentos del nunca jamás. Por mi parte no hay  semana que no sueñe con Nicaragua, con mi vida allá y con mi amada gente de aquellas tierras. 

El Semillero de Hora Cero, fue para mí una manera de mantener mi cordón umbilical con esa  tierra. Fue una dosis del abrazo con los y las nicas que tan bien me acogieron en su país y fueron de una enorme generosidad. Pero sobre todo, fue recordar experiencias, vínculos, trabajo y reflexiones que hemos hecho de manera particular en el colectivo La Corriente y en el  Movimiento Feminista de Nicaragua. 

Y quise empezar contando este sueño porque, cuando volvamos a Nicaragua y nos encontremos  con personas que en otro momento fueron cercanos o cercanas, cómo haremos, cómo  resolveremos nuestras diferencias, seremos capaces de dialogar, de debatir respetándonos. O por  el contrario, ¿se volteará la página para privilegiar la paz?, ¿se decretará la reconciliación y se  enterrarán las armas como en el 90 en un acto simbólico en un lugar que después nadie visitará?, ¿se privilegiarán los silencios para intentar olvidar?, ¿se procurará olvidar para silenciar dolores,  actos violentos de ambos lados de la crisis? 

II

Año 1996. En un bar en Managua: 

A: Mi tía abuela Velia Tejada, dio a tres de sus hijos a la Revolución y dos de ellos, David y René, fueron torturados por un militar de apellido Morales, le decían Moralitos. David estaba irreconocible por los golpes y se  decía que su cuerpo fue arrojado al volcán Masaya. Ese Moralitos, era un asesino. 

 

M: Ese señor era mi tío, lo confiscaron, fue a la cárcel y nosotros lo queríamos mucho. A., M., y el resto de comensales, hicimos silencio y cambiamos de tema. Continuamos visitando el bar de M.,  siempre nos atendió muy bien. 

III 

Año 2008. Varias amigas visitamos una hacienda cafetalera en Matagalpa por invitación de la dueña. 

A: “Esta hacienda se la confiscaron a mi papá, lo acusaban de somocista. Años después la recuperamos”.

Escuchamos la historia de la finca. En la noche, T. me contó lo siguiente:

“Yo fui de las que tomamos la finca para dársela a los trabajadores a quienes tenían en condiciones muy precarias.  Pero no vamos a dar hoy esos detalles”.

 

Al día siguiente, seguimos en la visita de la finca. Un lugar muy lindo por cierto. 

Cómo aprendimos a convivir con la dualidad en donde unos fueron héroes, otros criminales;  para unos hubo cambios para otros, continuidad; para unos significó liberación, para otros  opresión, exilio, discriminación; para unos fue un momento histórico maravilloso, para otros el  horror, la precariedad; unos fueron víctimas y los otros fueron los perpetradores. Estas  dualidades se vivieron de un lado y del otro, dependiendo en cuál te ubicaras. 

No lo supimos ver, pero hubo y hay muchos protagonistas y por lo tanto muchas memorias.  Cuando termine esta crisis, en Nicaragua tendremos que saber convivir con esto y veremos que  serán diferentes, por ejemplo: la memoria de los atrincherados de la UPOLI y los de la UNAN;  ¿cuáles serán las memorias de Abril del 2018?, ¿qué memorias movilizarán a las nuevas  generaciones, qué rupturas seremos capaces de nombrar?, ¿cuáles son las causas del  autoritarismo nicaragüense?, ¿escucharemos los testimonios o preferiremos guardar silencio  porque los trapos sucios se lavan en casa? 

IV 

Año 1996. Cierre de campaña para elegir entre Ortega, Alemán y otro sinnúmero de candidatos. Había que apoyar el retorno de Daniel, yo también lo creía. Nos juntamos con algunos amigos en un bar de  Managua llamado El Sótano. Estaba a reventar. Tocaría Luis Enrique Mejía Godoy. Estábamos alegres, creíamos  que habíamos trabajado con muchas ganas en la campaña de DOS. Todos cantábamos a puro pulmón y  gritábamos: “No pasarán”. Pero pasaron. 

V

Año 2017. Las Hijas del Maíz estrenaríamos un nuevo montaje. Requeríamos vestuario. Nos recomendaron a un  señor muy conocido en el ambiente teatral y él nos vistió.  

 

Año 2018. Inicio del diálogo para la Paz. Artistas nicaragüenses firman una carta de apoyo al diálogo y al  gobierno. El señor vestuarista la firmó.

 

Y con él otras personas con quienes Las Hijas del Maíz habíamos compartido talleres y otras actividades de formación teatral.

También el ámbito de la cultura se vio afectado por los hechos que se han dado a partir del 2018. Artistas de distintos ámbitos están en el exilio con todo y sus proyectos o con proyectos  en pausa. ¿Qué sentido tendrán ahora las obras artísticas?, ¿cómo se verán afectadas nuestras  narrativas?, ¿cuáles serán las intenciones de las y los artistas y sobre todo cuál será nuestro papel en la reconstrucción del país que queremos, que deseamos y nos merecemos? ¿cuál será nuestra propuesta cultural para un país en donde la cultura está institucionalizada y no acepta crítica?

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VI

Año 1996. Caminaba por C. Sur. Pasó una patrulla y me preguntó si quería un raid. Le dije que sí.
Nos fuimos en  franca camaradería a mi lugar de destino.  Eso me conmovía sobre todo viniendo de México, donde la policía goza de cero prestigio.

Abril 2018. La rebelión de Abril. Más de trescientos muertos, cientos de escenas de violencia de la policía, abusos  de poder. Imposible dialogar con ellos.

 

No los creímos capaces. No lo previmos. Pero ya había indicios como las violentas reacciones  frente a las manifestaciones por el 6 % que se dieron en los años 90. 

Fueron años en los que también se produjeron situaciones urbanas que hacen memoria, como  esa represión del 6%, las protestas de los transportistas, o como el crimen de Carlos Guadamuz, planeado en el Yakutingas Bar de la  carretera suburbana, entre otros. 

VII

M.: Más que una herencia hay un compartir experiencias de las feministas adultas a las jóvenes. Nos aportan algo  nuevo y nos ayuda a encontrarle sentido a nuestro feminismo. 

VIII

Año 2016. Repliegue al Vapor camino a San Isidro de Bolas. Salimos de casa para no ver el repliegue, sin embargo  cientos de jóvenes ya iban celebrando. 

 

T.: No soporto esta celebración y ver a tantos jóvenes enajenados. 

 

C.: ¿Por qué esto no nos molestaba hace algunos años… es más hasta nos

entusiasmaba? Silencio sepulcral en el vehículo.

Muchas de las mujeres que hoy conforman los movimientos feministas de Nicaragua, tomaron  distancia de la Revolución, haciendo crítica al poder patriarcal, dominante. Crecieron con  autonomía emocional y política con respecto a los dirigentes del Frente. Hoy por hoy, los  movimientos feministas son muchas voces que hablan en el espacio privado y público para  denunciar la discriminación, la violencia y proponer nuevas formas de relacionarnos. 

Los cuerpos del feminismo nicaragüense son expresivos de múltiples historias y trayectorias que  han dejado huellas indelebles en las agendas del activismo cotidiano. Feminismos que vienen de  metarrelatos desde la izquierda en la lucha contra la dictadura y sus apuestas por la justicia social.  Feminismos que conjugan parcelas íntimas y públicas de los cuerpos de las mujeres desde donde denuncian la discriminación. Feminismos que desafían las falsas evidencias del cuerpo como  naturaleza y se mezclan con otros cuerpos para dar paso a múltiples transiciones. Feminismos en cuerpos jóvenes donde se mezcla la herencia, la resistencia y la renovación. Son feminismos  diversos que necesitan reconocerse como parte de una genealogía y construir también memoria. 

Conocer los rostros y voces de la historia del feminismo del que somos herederas todas, nombrar lo que ha estado silenciado, así han sido los diálogos que desde nuestro espacio colectivo de activismo feminista hemos impulsado con mujeres rurales, urbanas, mestizas, afrodescendientes,  lesbianas, trans, heterosexuales, trabajadoras sexuales, adultas y jóvenes. 

Si algo hemos hecho las activistas en La Corriente en materia de memoria, es que poco a poco hemos roto los silencios. Nos queda el desafío de volvernos a encontrar en un país que ya no es el que fue, ni nosotras somos las que fuimos. Con certeza las feministas continuaremos  fomentando los diálogos para construir la memoria desde esta mirada.