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Jimmy J. Gómez Rivera. Antropólogo Social. Tanto en su dimensión profesional, académica y como activista social, ha estado vinculado con la investigación social y participativa, acompañando en Centroamérica distintos procesos sociales sobre sobre defensa territorial, gestión de bienes comunes, asociatividad, soberanía alimentaria, gobernabilidad intercultural y fortalecimiento de movimientos sociales. Actualmente es miembro de la Articulación de Movimientos Sociales de Nicaragua (AMS)

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Hora Cero. Equipo de producción e investigación.

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Feminismo interseccional y diverso

Jimmy J. Gómez Rivera / Hora Cero

30 Jul 2021 

El movimiento feminista es uno de los actores que en estos años ha generado mucha movilización social y masiva en América Latina. Estamos frente a una situación donde se agravan las diversas violencias patriarcales que expresan una política de odio, que se traduce en feminicidios, impunidad y la exclusión estructural de las mujeres, de las poblaciones LGBIQ+ y otras disidencias que se oponen a la normatividad patriarcal.

Este escenario incluye la llegada al gobierno de fuerzas ultra conservadoras, como Jair Bolsonaro que tomó posesión de la presidencia de Brasil en 2019  bajo el fundamentalismo religioso, cercenando derechos y criminalizando a las organizaciones feministas. Pero esto no solo sucedió en la derecha, también el  “progresismo latinoamericano” formó  parte de esta ola, por ejemplo  la posición en contra del aborto de Rafael Correa en Ecuador;  y la derogación del aborto terapéutico en Nicaragua promovida por la bancada sandinista en conjunto con sectores de la Iglesia y los partidos tradicionales.

Es así que la lucha feminista desborda las calles de América Latina. En 2020 vimos manifestaciones masivas que interpelearon  a los gobiernos de México, Chile y Argentina. Estas fueron respondidas con argumentos que buscan  deslegitimar la protesta, como el caso del presidente chileno Sebastián Piñera: “No es solamente la voluntad de los hombres de abusar, sino también la posición de las mujeres de ser abusadas” o las declaraciones del presidente Andrés Manuel López Obrador sobre feminismo, cuestionando su papel y tachando de falsas el 90% de las llamadas de auxilio de las mujeres (El País, 2020).

Capitalismo y patriarcado 

El feminismo -en todas las grandes movilizaciones sociales que han ocurrido en América Latina- se ha convertido en uno de los grandes referentes de movilización social. En toda la región este movimiento además de manifestarse en contra de la violencia y sobre los derechos negados, ha tenido una mirada interseccional y transversal que como protagonistas las articuló entre ellas y al mismo tiempo con las otras luchas latinoamericanas. Es así que formaron parte la demanda de la refundación del Estado como en Chile, proponiendo un camino constituyente desde una perspectiva feminista, que ponga en discusión y problematice la Constitución, para que responda a los derechos de las mujeres y las disidencias sexuales, como también de la necesaria participación efectiva de las mujeres en este procreso, que se concretó ya en las cuotas paritarias en la asamblea constituyente.

Esta mirada transversal del movimiento feminista es caraterística  en este proceso de revueltas, donde se profundiza en “la comprensión más honda de las formas de explotación, dominación y despojo, así como repensar antiguos y nuevos terrenos de lucha” (Sosa, Menéndez, & Castro, 2021, pág. 25). 

El movimiento feminista adopta un critica profunda para el sistema en sí, y esto  genera incomodidad: “Son capaces de exponer la manera en que muchas de las luchas de la gran izquierda están asentadas en un conjunto de relaciones de poder que no solo restan fuerza, sino que terminan actualizando y recreando (aunque de otra forma) el orden dominante” (Castro 2021, pág. 12). Con el caso de Rafael Correa en Ecuador podemos ver cómo ese político utilizó diversas formas, incluido  el chantaje a su propio partido, para evitar que votaran a favor, del aborto en 2013 (Canora , 2021).

El movimiento feminista utiliza diversas formas de movilización social, en México convocó a una huelga de mujeres para el 09 de marzo de 2020, bajo el lema “El nueve nadie se mueve”, a través de una joven organización; “Las Brujas del Mar”, en el Estado de Veracruz, que se extendió desde redes sociales. Se plantaron para hacerle frente a los feminicidios, que dejan 10 mujeres asesinadas al día, en medio de la impunidad y el silencio reinante, que solo se rompe roto por las protestas.

Por esa mirada transversal, antisistémica, el feminismo ha sido estigmatizado, criminalizado y reprimido por los gobiernos de América Latina.

Nombrar la opresión

En medio de la revuelta popular en Chile, como también en la experiencia del Uruguay, la lucha feminista implicó, “una ardua búsqueda o creación de palabras y nociones que nos contuvieran y los debates feministas pasados se convirtieron en un nuevo vocabulario de lo político para comenzar a comprender y a nombrar/nos”. (Sosa, Menéndez, & Castro, 2021, pág. 25). En esa labor, podemos identificar como esto se produce con el performance  “Un violador en tu camino”, de la colectiva feminista “Lastesis”, que fue interpretada por primera vez frente a la comisaría de carabineros, para denunciar sus abusos sexuales y violaciones (Canora, 2021), que luego fue adoptada como himno de lucha en diversas partes del mundo y sus diferentes lenguas.

Esta creación de nociones ha permitido también una remodelación creativa que va desplazando el centro de las luchas hacia las mujeres, muchas veces invisibilizadas, detrás de figuras que colocaban a otros protagonistas. De esto, Gutiérrez Aguilar ejemplifica: “La revolución será feminista o no será”, “¡Alerta! ¡Alerta que camina, la lucha feminista por América Latina!”, desplazando anteriores versiones de ese grito que colocaba la “lucha guerrillera” o la “lucha estudiantil” como protagonista de la acción. (Gutiérrez Aguilar, 2021, pág. 40). Lo mismo ocurrió en Nicaragua, con el lema “Patria libre o morir”, que se convirtió en “Patria libre para vivir”, para colocar la vida en el centro.

También esta creación de nociones implica compartir miradas entre colectivos de diversos países.  Sosa, Menéndez y Castro desde Uruguay retoman de la organización feminista boliviana Mujeres Creando la propuesta de despatriarcalizar,  reconocer que la sociedad está organizada patriarcalmente y que son necesarias acciones plurales, y especialmente continuas y constantes –por eso el verbo en infinitivo– para desarmar tal estructuración (2021, pág. 25).

Esta perspectiva les dio pistas para que, en el Uruguay bajo varios años de gobierno progresista, la memoria fuese un territorio para movilizar. Partiendo de las luchas actuales, plantearon la necesidad de un proceso de despatriarcalización de la memoria, bajo tres claves: 1) Releer las luchas visibilizando los conflictos del mundo reproductivo; 2) Comprender las formas de producción de olvido que niegan la experiencia de las mujeres y otros cuerpos feminizados y sus procesos de politización; y, 3) reconstruir genealogías y linajes feministas. (Sosa, Menéndez, & Castro, 2021, págs. 25-26)

Este ejercicio de la memoria es movilizante, permite sacar a la luz  que tanto en el pasado como hoy las mujeres, las comunidades y los pueblos, son los que han sostenido la vida y resistido al modelo de despojo y exclusión. Que se pierde en la mirada de la izquierda hegemónica.

El otro aporte que nos dan las autoras es que los movimientos feministas han puesto en el centro el tema de la dignidad de la vida. Situar en el centro la sostenibilidad de la vida, proceso de “restitución material y subjetiva de personas y comunidades, así como las condiciones que la hacen viables” (Sosa, Menéndez, & Castro, 2021, pág. 26).

Un punto que enfatiza Gutiérrez Aguilar sobre las manifestaciones feministas en Uruguay, pero que también está presente en los demás países, es la capacidad de generar un espacio común: “Voces diversas, enlazadas en las calles, configuran la amplia constelación de colectivas y acuerpamientos que en fechas acordadas ocupan y trastocan la vida cotidiana” (2021, pág. 37). Para poder alterar los espacios públicos desplazándose desde lugares silenciados y diluir gradualmente el mandato patriarcal de “ser para otros”, “hablar entre nosotras”.

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“Ni Una Menos” y “Ele Não” 

En Argentina el movimiento feminista creció con fuerza  desde el potente llamado que hizo en el 2015, bajo la campaña “Ni Una Menos”, denunciado los feminicidios e interpelando al Estado y al gobierno de Macri por su inacción (Canora , 2021). En el 2018, con la experiencia y la organización acumulada, producto de trabajo cotidiano de diversas colectivas feministas, se inundaron  las calles con la marea verde en demanda de la despenalización del aborto, lo que obligó  a Macri a abrir el debate en la asamblea legislativa, donde la mayoría conservadora se opuso. A pesar de esto, la marea verde persistió, hasta que hubo cambio de gobierno en diciembre de 2019, con Alberto Fernandéz, quien se habría comprometido a presentar la ley.

La marea verde se mantuvo en la calle presionando hasta que los políticos aprobaran dicha ley. En el 2020 se lanzó para el 8M la jornada “Por la autonomía de nuestros cuerpos y contra los fundamentalismos religiosos”, que además de marchas, se acompañaba de la realización de una huelga contra la explotación y la precariedad laboral y el “trabajo gratuito de cuidados”.

En Brasil, aunque todavía no ha habido una expresión de masividad, no significa que no estén en movimiento. Un ejemplo de esto fue la acción del “Não é não”, en contra del acoso sexual en los carnavales. En la campaña presidencial de 2018, Bolsonaro se presentó con una agenda ultraconservadora y fascistoide, que generó  una respuesta de los colectivos feministas, que conformaban “Mujeres Unidas contra Bolsonaro”, a través del “Movimiento Ele Não”, en un contexto donde estaba latente el asesinato de activista feminista Marielle Franco (Canora , 2021). Aunque no lograron detener el ascenso de Bolsonaro, sí  lograron movilizar y poner en disputa varios planteamientos de la agenda feminista, dándole un buen uso a las herramientas de las redes sociales.  “Mujeres Unidas contra Bolsonaro”, hoy “Mujeres Unidas con Brasil”, continúan siendo un espacio de feminista, que mantiene 2.5 millones de sus integrantes (Bárcenas Barajas, 2020).

Nicaragua 2018 

En Nicaragua el movimiento feminista ha sido el movimiento social más beligerante en esta década. Sostuvo bastantes acciones en contra del gobierno Daniel Ortega y Rosario Murillo, quien ilegalizó el aborto en 2006, en complicidad con la iglesia católica y los partidos políticos conservadores. Después de sostener por varios años acciones en el 8M, con la represión descarnada y la instalación de un Estado Policial, a partir de abril de 2018, las manifestaciones abiertas están prohibidas. Así se empezaron a adoptar otras formas de movilización, que van desde acciones virtuales hasta protestas en locales cerrados.

Las feministas al mismo tiempo que se enfrentan a la dictadura, también sostienen disputas en contra de sectores conservadores de la oposición azul y blanco, que igual que el régimen, las estigmatizan y las criminalizan. O de otros sectores pragmáticos, que llaman a que el movimiento feminista postergue su agenda. A pesar de esto siguen en la disputa de colocar sus demandas y evitar la invisibilización, reivindicando el papel que han jugado en la rebelión de abril. 

El movimiento feminista nicaragüense en este contexto logró trascender las fronteras del país e instalarse desde otros espacios geográficos a través de las voces del exilio y las voces migrantes, ejemplo de ello son los colectivos feministas nicaragüenses en España, Costa Rica, Argentina, entre otros países: Feministas Aragón por Nicaragua, Feministas Madrid por Nicaragua, entre otros colectivos. Con ello han logrado crear una amplia red de solidaridades y apoyo desde otros colectivos feministas a nivel internacional, como nos relata para este Especial en una comunicación personal la sociologa feminista e investigadora de Hora Cero Yerling Aguilera. Asimismo, estos colectivos feministas nicaragüenses también se han comprometido con las luchas que se desarrollan en estos países.


 

Feminismo decolonial y comunitario 

Los movimientos feministas se inscriben como plurales y diversos en agendas, donde convergen sinérgicamente las realidades campesinas, afrodescendientes, mestizas y populares. Fuera de estas masivas manifestaciones en otros territorios existen otras movilizaciones feministas, que se mueven desde las propias tramas comunitarias. Por lo general no están cubiertas por los medios, son los feminismos comunitarios que surgen de la experiencia colectiva de mujeres de los pueblos originarios en Guatemala, México, Bolivia y Colombia, que generan toda una poderosa dinámica en los territorios.

Estas se replantean y cuestionan las teorías clásicas, sobrepasando el feminismo blanco occidental en la búsqueda de descolonizar esta tradición, hacia una agenda y una episteme, desde la mirada diversa y decolonial. En sus comunidades, de la experiencia de la lucha por la defensa de los bienes comunes, han postulado  el cuerpo de las mujeres como un territorio en disputa.

Tal como lo expresa, el trabajo de una feminista boliviana aymara, Julieta Paredes, 'Hilando fino desde el feminismo comunitario” (2013), este se va construyendo en la comunidad, desde la memoria histórica de las ancestras, centrada en los cuerpos diversos y se nutre de la experiencia vivida, colectiva y personal. Este ha estado en las diversas luchas por el territorio, por la comunidad y frente al Estado-Nación.  Los movimientos feministas en América Latina han evidenciado que el capitalismo no se queda solo en un modo de organizar la producción, también organiza las relaciones de interdependencia bajo una lógica patriarcal para la explotación.

 
 
 
 

Bibliografía

Bárcenas Barajas, K. (2020). #EleNão (Él no): tecnofeminismo interseccional en Brasil frente al ascenso del neoconservadurismo evangélico y el posfascismo. Alteridades, 30(59), 43-56.

Castro, D. y. (2021). América Latina en Tiempos Revueltos. Claves y luchas renovadas frente al giro conservador. Montevideo, Cochabamba y Morelos: ZUR, Excepción y Libertad bajo palabra.

Canora , M. (16 de 02 de 2021). La fuerza de las voces del feminismo en América Latina. Obtenido de Rebelión: https://rebelion.org/la-fuerza-de-las-voces-del-feminismo-en-america-latina/

 

Gutiérrez Aguilar, R. (2021). ¡Feminismo es Revolución! Apuntes urgentes desde la lucha feminista desplegada. En D. y. Castro, América Latina en Tiempos Revueltos (págs. 37-50). Montevideo, Cochabamba y Morelos: ZUR, Excepción y Libertad bajo palabra.

El  País. (05 de marzo de 2020). El feminismo marca el paso de la política de América Latina. El País. Obtenido de https://elpais.com/sociedad/2020-03-04/el-feminismo-encauza-la-politica-en-america-latina.html

Paredes, J. (2013). Hilando Fino. Desde el feminismo comunitario. México DF: Cooperativa El Rebozo

Sosa, M. N., Menéndez, M., & Castro, D. (2021). Despatriarcalizar y desestatalizar la memoria de las luchas sociales. En D. y. Castro, América Latina en Tiempos Revueltos (págs. 19-36). Montevideo, Cochabamba y Morelos: ZUR, Excepción y Libertad bajo palabra.

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