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Dejar de pensar no es una opción / Editorial

Hora Cero

27 Oct 2020

El 2021 será año electoral y con él viene toda una estrategia de Ortega y sus aliados para conservar el poder. Estamos hablando de la Ley de Ciberdelitos y la Ley de agentes extranjeros que promete ser el kit de censura efectivo para recibir el siguiente año. Unos suponen que estas medidas de represión son parte de la estrategia del gobierno para negociar su propia salida, otros, son menos optimistas y ven con escepticismo una posible salida a corto plazo en un panorama sin reformas electorales ni garantías ciudadanas mínimas. No importa cuales sean los planes que vengan desde las oficinas de El Carmen, la realidad es que estas leyes son una de las tantas medidas autoritarias que van en contra de defensores de derechos humanos, periodistas y cualquier persona que disienta políticamente y que tenga una mínima intención de generar una crítica, un debate o una movilización.

 

Al parecer la única ley que rige la política nicaragüense es la de Murphy que dice que si algo malo puede pasar, va a pasar. El 16 de octubre, con 70 votos a favor se aprobó la Ley de agentes extranjeros que atenta contra el derecho de libre asociación y el derecho que tienen las organizaciones de acceder a fondos de cooperación internacional, de la misma manera que el gobierno lo hace. Aún quedan muchos puntos por aclarar sobre el proceder de esta ley, pero lo que está claro son las sanciones desproporcionadas que incluyen multas, congelación de bienes y cancelación de personería jurídica. Mientras esta ley sigue adelante, sobre el país pende la posibilidad de la ruptura de acuerdos económicos importantes para una economía que va en caída libre. 

 

Y si las cosas ya pintan mal, la oposición tradicional se cae como un castillo de naipes, no los aglutinan ni los ideales ni las urgencias que todos tenemos de salir de esta crisis de una vez . Al parecer los empresarios nicaragüenses no han abandonado sus sueños de revivir el modelo de diálogo y consenso con un régimen que no tiene ninguna legitimidad. Los multimillonarios de un país sumido en la pobreza siguen amasando dinero, sin importar quién esté en el poder y cuál sea la desgracia de turno.

Ahora la censura se extiende a los espacios más íntimos e intenta falsear la realidad más evidente: el descontento popular contra Ortega.  El nuevo proyecto de Ley de Ciberdelitos pretende castigar con hasta ocho años de cárcel las publicaciones en redes sociales y medios de comunicación que atenten contra la “Seguridad del Estado”, también habla de cuatro años para quienes difundan información falsa. Pero la realidad es una sola y no puede modificarse por decreto, y es que Ortega se apoderó del Estado y es él la principal amenaza para el bienestar y el futuro de Nicaragua. Esa idea tan sencilla y poderosa sobrevive en la mente de miles y miles de nicaragüenses que no han dejado de exigir justicia dentro y fuera del país, la única manera de hacer que esa idea muera es acabar con quienes la llevan consigo y somos tantos, como aquella interminable  fila de hormigas a las que Rosario Murillo les dedicó un poema.

"Hay una interminable fila de hormigas que se me queda viendo, a punto de acusarme de algún crimen" 

Tengo miedo de tanta realidad. Rosario Murillo.

No vamos a callarnos, y sabemos que no hablamos solo por Hora Cero. Somos tantos, que ni siquiera pueden contarnos, y estamos en tantos lugares que ni siquiera los pueden imaginar, pero hay un lugar donde saben que estamos siempre presentes: en sus miedos y en sus pesadillas.

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