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(Ciber)protegernos sin (súper)escondernos:

5 ideas para enfrentar la violencia desde nuestras identidades digitales 

Consuelo Mora

27 Nov 2020

Grabé una psicofonía antier sin querer, caminando por una calle de San José. A mí me fascinan esos fenómenos raros que no tienen explicación: era un video de un parque que colinda con un río. En él no había ningún sonido extraordinario, ni carros pasando: sólo la ciudad lejana y húmeda en pleno atardecer. 

 

Al escucharlo de vuelta, se escucha claramente una voz ralentizada que dice algo, muy de cerca al micrófono. Para quienes no tuvieron una adolescencia divertida con intentos de contactos con el más allá, les explico: una psicofonía es un sonido que queda registrado por un aparato electrónico pero que no se tiene mucha claridad de dónde proviene. Una voz sin vehículo que la conduzca. 

 

Y sí, mi cabeza hace analogías absurdas. En vez de lo lógico -hacer rituales para ayudar a los espíritus a irse a lugares más adecuados para su existencia-, pensé que esto de las psicofonías tenía cierta relación lejana con mi vida digital, rodeada de mujeres poderosas y profundas que deben empaquetar, proteger, enllavar, sus voces para luego re-transmitir en colectivo para proteger sus identidades individuales. Qué cansado. 

 

Soy esa señora miope

 

No es ningún secreto que las campañas de desprestigio, el acoso digital y las violencias por redes han aumentado para nosotras desde el inicio de la pandemia y el confinamiento. Ahora no es sólo que las violencias nos atraviesan el cuerpo: también atraviesan los pixeles que conforman nuestra identidad digital.

 

Y cuando hablo de nosotras, me refiero a las mujeres, a quienes nos reconocemos como tal y a otras identidades de género también disidentes. A quienes nos hemos ido poniendo candados a los nombres, las identidades y nos hemos tenido que ir convirtiendo en legión de voces con pseudónimos y manifiestos que muchas veces circulamos entre nosotras, sin firmas. 

 

Cuando entro en estos reclamos, la otra Consuelo Mora me pone en mi lugar. “Claro, es muy fácil hablar, señora miope. ¿Que no ve que nos están matando? ¿Que las campañas de desprestigio están a la orden del día para cualquier mujer que se ponga enfrente de grupos poderosos en este contexto? ¿No tenés también tus redes bajo llave?”.

 

Pues claro. No se trata de pedirnos a las mujeres que seamos aún más valientes, que si ya ponemos el cuerpo pongamos también el alma y que si ya ponemos el alma, pongamos de nuevo el cuerpo. Tampoco se trata de buscar nuevas estrategias para señalar agresores: sabemos que en la mayoría de los casos, al menos en lo que se refiere a las defensoras de esta región, esos agresores son funcionarios públicos. ¿Cuánto más podemos pedir a las mujeres que ya se enfrentan a aparatos estatales organizados? 

 

Pero estamos vivas 

 

Estamos vivas y sobrevivimos todos los días a la lógica invasora y ruidosa del patriarcado. ¿Por qué parece que estamos tomando el tema de identidad digital con pinzas lejanas, con una mirada distante, como si la lucha no estuviera ahí? ¿Por qué pareciera que otras tomamos la identidad digital personal como un territorio tan peligroso y visible que es mejor ni mencionarlo? ¿Por qué la necesidad de colectivizarnos tantísimo en lo público, que dejamos de presentar nuestras huellas y rostros individuales? 

 

Quiero proponer 5 vías para considerar dejar atrás las voces psicofónicas y enfrentar la violencia diaria desde nuestras identidades digitales -y presenciales-. No presentaré nada nuevo, así que tómenlo como un amable recordatorio de una amiga que quiere un futuro feminista (seguro) para Nicaragua y el resto de la región.

1. Triangular

 

Seamos realistas, no todas podemos desenllavar nuestras redes, denunciar y luchar con nombres y apellidos. ¿No podés vos? Seguramente yo sí. ¿Querés decir A? ¿La digo por vos? No puedo decir B. ¿Podés decirlo por mí?. 

Triangular información nunca ha sido tan fácil pero tan difícil. En los conflictos sociales es una práctica común, pero es que tal vez nunca nos habíamos enfrentado a una región entera en conflicto. Triangular implica organizarse, estrategizar y acuerpar ideas que no son nuestras. ¿Lo hacemos?

 

2. Narrar(nos)

Las feministas no rehabilitamos a nadie, ni educamos a nadie. Pero sí que es importante llegar a más gente más allá de nuestros círculos y esto se logra mirando de forma crítica nuestra narrativa. Tratar nuestras identidades personales como entidades públicas que pueden alcanzar la misma interacción que un medio de comunicación. Entender que tenemos responsabilidades con una audiencia amplia. Todo esto, sin necesidad de vulnerar nuestras identidades individuales. 

 

Algunas reflexiones para dar vuelta a nuestro léxico: ¿Cómo hablamos de violencia sin usar la palabra violencia? ¿Cómo explicamos nuestra lucha sustituyendo la palabra patriarcado, derechos y política por sinónimos? ¿Cómo contamos lo que somos a nuestras abuelas, hijas o al señoro que escribe editoriales para aquel medio conservador? 

 

Las narrativas nos pueden proteger y la mirada crítica sobre cómo nos contamos puede protegernos más. Hay muchas cosas que se salen de nuestro control, nuestro lenguaje no es una de ellas. 

 

3. (Ciber)protegernos pero no (súper)escondernos

 

Dobles autenticaciones, uso de VPNs, contraseñas, redes y plataformas seguras: todo esto debería ser parte de nuestro combo cotidiano. Redes seguras, formación continua en ciberseguridad, consciencia de a quiénes pertenecen las redes sociales y para qué sirven. Yo en serio aprendo todos los días sobre cómo estar más protegida desde adentro. Pero, ¿qué implica esto hacia afuera?

 

Nuestra lucha contra la violencia empieza por estar. Si borramos nuestras identidades digitales públicas y cedemos los espacios a los próceres de la patria que nos atacan, les damos un territorio que juega a ser público. Aunque este espacio no sea público y responda a intereses privados, podemos aprovecharlo para explotarlo desde adentro. Muchas optamos por no estar para protegernos. Ese no es el camino. 

 

Hay límites, por supuesto. El gobierno de Nicaragua acaba de promulgar una “Ley Especial de Ciberdelitos”. Eso significa que quienes compartimos nacionalidad nicaragüense tenemos que vigilar tal vez mucho más cómo nos presentamos en redes sociales por el simple hecho de atrevernos a denunciar lo que hace una dictadura que tiene las manos llenas de sangre. Y a las feministas de Nicaragua no se les puede pedir más de lo que ya han dado y siguen dando. 

 

4. Ser un candil de la calle

 

Candil de la calle, oscuridad de la casa. ¿Recuerdan esa frase? Yo recuerdo a mi mamá usándola en tono de regaño con mis hermanas y conmigo, cuando en la adolescencia nos desvinculábamos de responsabilidades en la casa y usábamos toda nuestra energía para construir nuestra vida social. Observemos esta frase y abracémosla: ¿Qué nos dice?

 

Los hombres cisgénero se colocan en el espacio público con la fuerza de terratenientes. Ellos se acuerpan entre sí, se dan espaldarazos entre agresores, se organizan sin decir mucho para defender ese espacio que históricamente ha estado vedado para las mujeres. ¿Son las redes sociales espacios públicos? ¿Cómo nos colocamos en ellas? ¿Están ahí nuestras voces fuertes, claras o lo que suenan son psicofonías? 

 

5. Apropiarnos de estos pixeles

 

Estamos claras que el internet nació siendo un proyecto militar: la violencia contra las mujeres es parte de su ADN. Sin embargo, nosotras somos sobrevivientes, nos adaptamos para empujar la continuidad de las generaciones y construir donde no hay nada. Latinoamérica entera y su economía se sostiene en las espaldas de mujeres que no cuentan en los datos económicos formales. 

 

Partiendo de la afirmación de que el mundo digital es un territorio de por sí hostil, ¿no deberíamos estar ya ensayando para transformarlo? ¿Aprendiendo para apropiárnoslo? De nuevo: esta es un área de investigación y de trabajo de otras poderosas que pueden hablar mucho mejor del tema, pero urge que las no-expertas partamos de esta lógica para existir y cuestionar ese espacio público. ¿Aprendemos? 

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