Compartir:

MP05-02.png

Escrito por

María José Díaz Reyes (Chinandega, 1985). Estudiante del doctorado en Antropología CIESAS, CDMX. Ex directora de la asociación ASODEL. Investigadora en la línea de la Memoria, Juventud, y Análisis de Discursos. Reconocimiento “Avanzadora”, premio que reconoce la lucha de mujeres contra la violencia machista, otorgado por Oxfam (2017).

MP05-01.png

Compartir:

Memorias periféricas: aquella masacre de 1959 

María José Díaz

7 Dic 2020 

Para Nicaragua hay un antes y un después de abril del 2018. La sociedad nicaragüense como conjunto heterogéneo en ideas, trayectorias, memorias, se vio implicada de muchas formas en la Rebelión de Abril; grupos favor y otros en contra del actual gobierno del FSLN. El país cambió y nosotras y nosotros también. Para el 2018 la ciudad donde nací y crecí me era desconocida, las calles estaban llenas de civiles que vestían los colores de la bandera, pero de un momento a otro, los paramilitares se apoderaron de la ciudad. Los muchachos y muchachas se defendieron, asesinaron a varios, lloramos, les cantamos y se convirtieron en nuestros muertos. A dos años de aquel evento, me pregunto ¿Quién sabe nombrar todos y cada uno de los muertos de Chinandega? Maldito país que calla, que olvida, que entra en mudez para pretender sanar. Pero la memoria individual se resiste a ser olvidada.

El 26 de abril del año 2019 flotó sobre el aire una partícula de memoria, una que Chinandega debería escuchar. Esta memoria es periférica, subterránea, no se conoce, ni se ha buscado conocer, por eso creo necesario darle un lugar a su voz, para que flote entre nosotros y nombre lo que no se ha nombrado en esta ciudad.

Ro y yo quedamos de vernos en un café de la ciudad, era una tarde calurosa típica de Chinandega, el ánimo de la ciudad era muy tenso, llegué temprano, estaba ansiosa de escucharlo. Mientras esperaba me pregunté ¿Por qué alguien que llevo tiempo de conocer, nunca le había escuchado nada sobre esta su historia?, esta es la voz de un sobreviviente de una masacre estudiantil, una masacre que ha estado en la memoria histórica de este país, pero que muy pocas veces hemos escuchado las voces de sus sobrevivientes, esas voces que no eran líderes, que solamente eran jóvenes, para ellos y ellas el 23 de julio no es una conmemoración política, sino el recuento de sus propias vidas.

Este es un fragmento de la entrevista que le hice a Ro, Ro es un seudónimo, él elige el anonimato, me cuenta que no está listo para que la ciudad conozca que es un sobreviviente de aquella masacre del 23 de julio de 1959. Cuando iniciamos Ro pidió un trago de ron para poder empezar.

MJ: Ro, ¿qué pasó aquella vez?

Ro: La Revolución Cubana triunfó el 31 de diciembre de 1959. Hubo un antecedente político que motivó esto, una batalla, la del Chaparral, echaron preso e hirieron a Carlos Fonseca. Cuando vos entrabas a la universidad te peloneaban, había pocas mujeres. El carnaval de los pelones era alegórico a motivos políticos locales. Ese año con una situación política del Chaparral, en vez de un carnaval fiestero, todos sabíamos que iba a ser una protesta por lo del Chaparral.

MP05-03.png

MJ: ¿Qué llevaba a un joven a participar en una protesta de índole política?

Ro: Todos [los universitarios] participamos sin excepción. […] yo estudié dos años internado en un colegio de cura en Granada, en tercer año me vine a estudiar al instituto de Chinandega, estuve en 3ro, 4to y 5to con Mauricio Martínez, no llegábamos ni a 25 estudiantes, le decíamos la Crema, porque a su papá le decían la Crema.

[En León] Mauricio vivía con tres o cuatros chinandeganos que se habían bachillerado juntos. Yo iba a la pieza donde vivían esos cuatro chinandeganos que se habían bachillerado conmigo. Cuando ya supimos que era una manifestación política, fue días antes, nosotros jodíamos a Mauricio, yo no vivía ahí, ahí vivía Roberto Cortez Montealegre que se volvió un oftalmólogo, a quien la Guardia lo mató un mes antes del triunfo de la Revolución. Yo visitaba con mucha frecuencia el lugar, eran mis amigos. Roberto que era jodión y yo, fregábamos a Mauricio porque su familia era Somocista, le decíamos “vos hijueputa no vas a ir porque sos somocista”. 

En esa época, nos bachillerábamos en febrero, la universidad se abría el 15 de mayo y eso fue el 23 de julio, teníamos menos de dos meses de estar en la universidad. Yo iba con él [Mauricio], con Roberto y otro chinandegano que se llamaba Manolo Tuckler, íbamos prácticamente en la segunda fila de la manifestación. La manifestación comenzó como a las dos de la tarde, más o menos, y el cachimbeo fue cuatro o cuatro y media. 

Me dice un amigo, “no jodas pasemos por una cantina”, nos metimos a un lugar, nos echamos un par de tragos, cuando nos reincorporamos a la manifestación, justo íbamos a la mitad (Ro hace un silencio) empezó la balacera, corrimos, nos pegamos junto a la pared y dimos la vuelta. Es que los dirigentes querían ir a lo que era el comando militar, frente al teatro Gonzales, que quedaba en una esquina. Entonces, los que dirigían querían ir propiamente al comando, la Guardia puso un pelotón para que no pasara nadie en esa cuadra. Era una calle con edificios, no podías desviarte, más que retroceder. 

La cosa es, un jefe de la guardia que se llamaba Anastasio Ortiz conocido como “tacho Ortiz” dio la orden, era un hombre de una familia muy conocida en León. Comenzó la balacera, aquello era horrible, yo tenía 19 años, los rifles sonaban horroroso, unos sonidos, “vámonos” me dijo alguien, había unos que no se movían. Parecían bombas, inmediatamente pensé que eran balas, huimos él y yo. Cuando doblas la calle ya estabas a salvo.  Esos minutos, segundos, eran encachimbados. Cuando sabemos que estaba herido nuestro amigo Mauricio nos regresamos.

El olor a sangre lo había sentido, el montón de muchachos sangrando, el balazo de mi amigo era en la espalda, me imagino que él al oír el balazo corrió, o fue contra el suelo que le dispararon, su balazo era en la espalda, aquí (se señala su propio pecho) en el pecho al lado derecho cuando respiraba salían burbujas de su pulmón atravesado, lo sostuvimos Roberto y yo, lo sostuvimos tres o cuatro horas, le decimos a los [médicos] internos “jodido, opérenlo” y nos respondieron “este amigo ya está muerto, este no se salva, estamos atendiendo a los que podemos salvar”. Ahora lo entiendo, pero en ese momento lo sentí duro. 

Al escuchar eso, todos nos agarramos las manos, [Mauricio] nos decía “tráeme a mi mamá, tráeme a mi mamá”, en esa época no había teléfono, tenías que ir a buscar cómo comunicar la información, pusimos un telegrama “Mauricio mal herido, urge su presencia”, llegó el papá, te repito Mauricio murió tres o cuatro horas después, murió en nuestros brazos. Cuando llegó el papá le señaló con el dedo “te lo dije, no me hiciste caso, si me hubieras hecho caso no estuvieras ahí”, en ese momento pensé “este hijuepeuta no lo quiero ver, dale al menos un abrazo”. 

Los cuatro fueron velados en el Paraninfo de la ciudad de León, tres eran de Chinandega; José Rubí Somarriba de El Viejo, Sandaña de Chichigalpa y Mauricio Martínez de Chinandega.

MJ: ¿Por qué en la memoria social de Chinandega no existen estas  historias?

Ro: Creo que porque los tres chinandeganos eran de origen somocista , sus familias eran somocistas , posiblemente eso hizo que estas historias quedaran sin conocerse. De 1959 a 1979 pasó mucho tiempo, tal vez estas familias hasta se avergonzaban de haber tenido a esos mártires de ahora, te repito lo que le dijo el papá, lo señaló con el dedo, pero, creo que una calle de Chinandega se llamaba antes con la revolución “Mauricio Martínez”.

MJ: ¿Estas familias vos crees que hicieron una ruptura con el somocismo a causa de las muertes de sus hijos?

Ro: En esa época, en ese contexto eras somocista o antisomocista, el Frente no existía aún. El Chaparral fue la primera demostración guerrillera. La mamá de Mauricio tuvo una reconversión, tan es así que el hermano David Martínez Santamaria que murió peleando junto a la familia Lindo, era guerrillero. La hermana se casó con un dirigente estudiantil. Eso te da una idea de que hubo un cambio de ideas en esa familia.

MJ: ¿Qué paso con vos, con tus emociones, tus estudios, tu vida después de esa pérdida?

Ro: Viví un tiempo la culpa, él debió ir en medio, a veces me pregunto si fue adelante para demostrar algo, eso me pesó. Mi abuela Eudomilia Villanueva de Quezada me dijo “olvídate de esa universidad”, dos meses después me fui a México a estudiar. Me reencontré con amigos de Granada. Me gradué de la Universidad Autónoma de Guadalajara y el posgrado en la Ciudad de México. Me hice médico pediatra.

Cuando retorné, la mayoría de mis amigos del instituto estaban vivos, nos juntábamos a veces, platicábamos de eso. Su mamá cuando se cumplió un año en el año 1960 me mandó una foto de Mauricio, una foto de esmoquin de bachillerato, es la foto que siempre usan para las noticias. Me la mandó cuando cumplió un año de muerto. Cuando yo miraba esa foto me sacaba lágrimas, la tenía en un libro, lloraba, la rompí porque me dolía.

MJ: En 1984 se decreta el día del estudiante en honor a estos jóvenes... 

Ro: Carlos Nuñez, Sergio Ramírez, revivieron en la época revolucionaria la historia y memoria de ellos. En Chinandega nunca se ha conmemorado estas vidas, retorné en 1971 y desde entonces nunca me han invitado a ningún homenaje, aquí nadie sabe de esos muchachos. Las conmemoraciones han sido en León y han sido actos políticos. 

MJ: ¿Por qué nunca hablas de esto? es tu historia, es parte de vos.

Ro: Después de 60 años de esa masacre estudiantil donde murieron cuatro estudiantes, y ver ahora la dimensión de la masacre de abril donde sólo en dos días mataron a 20 jóvenes, entre el 18 y 20 de abril mataron a veintitantos y siguen matando. Antes de la masacre estudiantil de 1959 recuerdo que mataron a un líder estudiantil, Uriel Sotomayor, era un mártir, los dirigentes del CUUN nos hablaban de él, su lucha, su muerte era heroica, luego la masacre estudiantil de 1959 fueron cuatro muertos, cuatro héroes, con los años la muerte de Uriel quedó silenciada, creo que, con los años, esta masacre, esta actual [2018], va a superponer a la masacre del 59, porque las dimensiones de los muertos actuales no se comparan con cuatro muertos, ni con los heridos de la masacre de 1959. 

El olor a sangre que respiré en ese hospital no se me olvida, a pesar de ser médico, ese olor, ese primer olor que no se puede describir, es una cosa espantosa, además la tragedia, el olor te lleva al recuerdo, el dolor, la tragedia vuelve. Ese olor a sangre nunca es el mismo de cuando he tenido intervenciones quirúrgicas. 

MJ: ¿Qué saben de tu historia tus hijos, hijas, nietos?

Ro: Mis hijos, hijas, nietos, no saben de esta historia, nunca la he contado, no. Posiblemente no se ha dado la oportunidad porque, por ejemplo, mis nietos, si les cuento esto es como un cuento de Hadas con lo que han visto, leído, ven en televisión, ahora dirían “mi abuelo que anda contando eso, cuatro muertos, cuando ahora hay tantos muertos”, que yo recuerde nunca lo hemos hablado. Si me hubieran preguntado, les hubiese contado.

Ro y yo conversamos por largo rato, lo vi irse nostálgico hacia sus memorias, me pregunté ¿Qué tendrían que contarnos los otros sobrevivientes? ¿Cuántas familias no saben que entre ellos hay sobrevivientes de eventos límites, como la masacre de 1959? Me quedé pensando en Chinandega como una sociedad hostil para la memoria, ahí todo cambia y al mismo tiempo todo es inamovible, vivimos una especie de movimiento circular, te da la sensación de estar avanzando, pero si te detenés a observar, resulta el mismo lugar de siempre; una tierra violentada una y otra vez para producir monocultivo, quizás alguna vez tengamos la posibilidad de hablar y construir en conjunto memorias sobre lo que hemos sido como sociedad.

Fuente: Entrevista realizada el 26 de abril del 2019. Identidad bajo seudónimo ”Ro”.  Edad 80 años. Duración: 80 minutos.

Otros escritos